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domingo, marzo 23, 2008

496 TRES VECES UN TANQUE

Cerró sin esfuerzo el portón al salir. El perfecto portón de goznes aceitados y erectos que lo mantenían sin rozar siquiera la gravilla de la entrada. Bah, qué gravilla si aquello todo eran losas del mismo granito, ya gastadas por el tiempo y las suelas de tantos transeúntes...
Afuera ya habían borrado las últimas huellas del incendio entre los pinos. Terminaban de techar una vivienda en el baldío de la esquina y de poner un vetusto transformador de corriente cruzando no más a la de enfrente... Una oferta de lata estaba firmada por una inmobiliaria llamada Fernández y en el poste del hilo telefónica restaba un viejo cartel que parecía recién clavado: LACALLE PRESIDENTE - POR LA VUELTA - 321. Faltaba no más que llegando a lo de Rulo, para pedirle prestada una podadora, ni siquiera le reconociera. Se imaginó la escena junto con las ganas de volver a verlos, y a la chiquita... No se acordaba del nombre! ¿Como podría ser posible que no se acordara...!? O acaso estuviese loco, no más... y hubiera llegado el momento de reconocer que tantos cambios no se habrían podido producir en tan poco tiempo, pero sí, en cambio dentro de una pobre cabeza estropeada por años de lecturas de historietas.... ¡No! Esto no podía ser otra cosa que una obra de Satanás. El poderoso espíritu al que el viejo Dios jamás a podido terminar de vencer. Ya lo había explicado Mandinga. Mandinga, se repitió, al ponerse a imaginar que a Mandinga ni el mismo Satán le podría haber confundio las ideas y que tal vez le podría ayudar, si le encontrara...

Largo rato caminó Manuel, creyendo que estaría en camino hacia cualquier lugar como la casa de su primo Rulo, sin parar el devaneo de las razones que por turnos le arremetían con argumentos sobre la imposibilidad de los cambios a gran escala que estaba constatando y la posibilidad probable de que se explicaran como producto de su propia insanía. Por suerte, aún así se pudo reír del trabalenguas y levantar la vista al enfrentarse otra vez con el tanque de OSE. Tres veces, por lo menos, porque a pesar de la distracción algo de memoria conservaba del recorrido que siempre había sido el mismo... pasando frente a la policlínica de Lagomar y... Sí, era razonable pensar que si todo había adquirido una apariencia de varios años para atrás, por qué Vittorio no pudiera aparentar que seguía con su trabajo de sicólogo. Licenciado... Era cuestión de allegarse por allí...

Efectivamente en el letrero de la entrada decía que hoy atendía el Lic. Vittorio Giorgionne a partir de las 11 horas, sin que hubiese en las inmediaciones ningún reloj a la vista. Se apersonó a la mujer del mostrador para solicitar consulta aunque sin carnet de aistencia para demostrar su condición de indigente, por lo cual fue censurado con gesto adusto y conminado a ponerse en la cola para solicitar el formulario 67, sobre ingresos y condiciones de supervivencia y así participar del sorteo mensual de tres consultas médicas. No le habían reconocido allí tampoco y también parecían convencidos de que eso era la realidad.... ¿Y si lo fuera...?

sábado, marzo 08, 2008

489 La Sonrisa del Balde

Ernesto, todavía incrédulo y sin atinar a otra cosa se asomó por la boca del aljibe, tontamente, a ver lo que sin duda iba a ver. Un loco asustado, a los manotazos, allá en el fondo, donde apenas gustan de habitar las tortugas. Un muchacho que a pesar de mantenerse a flote, se estaba cansando inútilmente sin atinar a estirar , ahora sí, hacia abajo sus piernas, para apoyarse en el fondo, a no más de un metro y medio de la superficie.Ernesto lo sabía, pero tan extrañado estaba por la manera en que se habían sucedido los hechos que, casi podría creer que esa batalla acuática que Manuel libraba contra las olas, fuera otro síntoma de su evidente locura. Le gritó. Por sobre la bataola de salpicones logró hacer resonar un mensaje de calma.

-Voy a tirarte el balde con la cadena. Cuidado que no te caiga encima!

Fue entonces, que por apartarse hacia la orilla, se esforzó en apoyar la espalda contra la pared del pozo y... sin querer tocó con los pies en el fondo. (Vaya idiotés!) El balde cayó con su paf característico y se puso de lado a tomar agua, con la boca abierta mirando a Manuel, con sorna, claro, era fácil para él después de haber caído miles de veces, para subir chorreante y ufano con aquella agua fresca que iba a ser festejada al llegar arriba...
Enroscó el brazo derecho en la cadena, se puso el balde entre las piernas y así, sentado y prendido con ambas manos comenzó un lento ascenso que estaba exigiendo bastante a la vieja roldana y a los músculos de Ernesto. Llegó arriba, se desenroscó y chorreando agua quedó parado sobre las rectangulares losas de granito rojo hasta arrancarle una sonrisa al dueño de casa.

-Qué te está pasando, muchacho? ¿Qué locura es esa?

Fue demasiado. Lo agarró de un brazo, lo sentó de prepo en el banco verde y le dijo no más que se dejara de joder, que bastante les venía aguantando que hubiesen quedado todos medio idiotas y sin memoria, pero... que le llenaran el aljibe con agua sabiendo que era la única entrada rápida para la caverna...!

Ernesto entendió. Algo había leído de psicología profunda, como le llamaba el profesor de Boutarot. Las fantasías inconscientes. Que de pronto pueden irrupir en el plano de la acción y realizar, más que un escenario psicótico, una puesta a punto del borrador interno. Se veía en los psicodramas cuando el personaje representado copaba la escena y exigía escribir todo el libreto Ya se le iba a pasar, especialmente si nadie le pone en discusión la realidad de su fantasía. Su fantasía es real, con mucha más realidad que la dureza de las piedras y la fugacidad de la vida. Solo que se basa en simbologías secretas parecidas a geroglíficos...

-El pozo tiene agua, sí, porque... ha llovido...

¡El colmo! Tras de estúpido, loco!