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viernes, junio 06, 2008

547. FIAT LUX

Mientras Magda intentaba explicar cómo las posiciones de los guijarros se pueden corresponder con determinadas letras o palabras convenidas previamente, que esas disposiciones se pueden transmitir de alguna manera que eso sí, no comprendía, y que en el extremo distante de la comunicación otro juego de guijarros repetía la misma danza, para ser interpretada por alguna mente consiente que hubiese pactado con la primera todo el sistema de codificación, Manuel recorría el galpón observando todos los elementos y llegaba al pequeño escritorio de roble donde una vieja lámpara de brazo flexible se agachaba, como para iluminar el grueso cuaderno que allí se veía abierto en páginas manuscritas llenas de garabatos. ¡Eureka! Aunque hubiese sido más útil un Fiat Lux, porque la penumbra que reinaba no permitía leer un carajo de aquello que seguramente puesto allí por un ayudante de escena no demasiado imaginativo iba a ser la pieza central de la comprensión de tan extraña máquina. Esa escena donde Indiana Jones comprende la pista que lo llevará hasta la calavera, tan obvia. Bueno, aquí también. cuando Manuel fue a traer un par de velas y las mujeres se le acercaron, pudo verse que efectivamente el texto versaba sobre la computadora y en enrejados de filas y columnas habían sido puestos los resultados de las últimas pruebas. De a seis por renglón los simbolos de cada posición de cada guijarro cuando la fuerza y dirección de los seis campos era la correspondiente al primer símbolo de comienzo de renglón, especie de llave de las que se escriben en las partituras musicales. Los guijarros eran representados por cruces cuyos cuatro brazos de distinta longitud se apoyaban sobre el renglón de distinta manera. Todo claro. Debajo de cada renglón llenado con los símbolos, habían otros dos que en principio parecían haber estado vacíos pero que posteriormente comenzaron a llenarse con números del uno al seis en cada recuadro según el símbolo que tuviera arriba... El tercero de cada tres estaba todavía completamente en blanco...
Nueva tensión en los corazónes de la platea al ver que no estábamos adelantando demasiado. Una sucesión aburrida de números dejadas por un hombre muerto antes de dar término a las anotaciones. Un sistema sexual tan antojadizo como el pental con el agravante de no tener ninguna pista ahora sobre el sistema de codificación. Deberíamos buscas palabras enteras, letras o acaso comandos de un programa. Cual era el tema y cual la intensión?
La escena siguiente muestra la mirada de manuel en primer plano deslizándose sobre el cuaderno, la mesa de nogal y zafando el borde caer sobre la papelera rebosante de pelotas de papel arrugado. Tras la mirada el brazo y la mano que levantan la papelera de alambres y vuelca el contenido sobre la mesa. Seis manos que despliegan las hojas apelmasadas y las van poniendo sobre la mesa, una sobre otra, algunas llenas de palabras, y letras varias veces sustituidas y otras sólo con algunas más grandes, a veces terminadas con un signo de interrogación. Arriba de todas quedó la última hoja que mostraba una larga listas de Manueles: Manuel Fangio, Manuel Oribe, Víctor Manuel...

-¡Genial! -gritó Manuel a las risas emocionado- Estaba tratando de comunicarse conmigo sin saberlo!

Margarita ahora quedó de una pieza. No podía negarle sentido a todo lo que los muchachos le habían venido diciendo. A pesar de sus dudas, tal vez no fueran un par de ignorantes sino todo lo contrario... unos científicos de la calle... una nueva clase de científicos que no se doctora de nada ni da clases -como papá- y que sin embargo puede llegar a revolucionar toda la ciencia. ¡Qué maravilloso! Que los sabios broten así de entre la gente común que uno ve cortando el pasto y que sin dejar de ser lo que siempre fueron se atrevan a hablar de ciencia en cualquier vereda de pueblo. Una ciencia sin laboratorios, tal vez, producida a lo largo de conversaciones donde participa todo el mundo ya sea razonando ya sea confiando en la intuición. Ciencia popular, que no es lo mismo que prejuicios populares.

Magda confirmó:

-¡Y lo consiguió!

Manuel dudó. No le parecía graciosa la comunicación con un hombre que ya se había muerto. Lo hubiese entonces esperado.

-Quiero decir que obtuvo de alguna manera tu nombre... Se comunicó con...nuestro mundo o...

Margarita se puso pálida.

Es que tantas películas de terror se han filmado a la luz de unas velas que alumbras las caras desde abajo... y tan tenebrosas asociaciones rodean la idea de otro mundo... Que... No era que ella fuese supersticiosa ni temerosa, sino que... Tenía por cierto que los límites entre la realidad y la fantasía no son, para nada claros, especialmente en algunas situaciones, como esta de ahora que... imponía la puesta a punto de su vieja táctica vital inspirada en la idea de que la vida es exactamente lo que estamos viviendo en este momento. Táctica, perfeccionada en largas noches de insomnio, pero nunca puesta a prueba que se iba a inaugurar de inmediato.

-Pero...Sinceramente... ¿quienes son ustedes?

miércoles, mayo 21, 2008

538. ¿Qué pensás hacer?

Ernesto explicó con calma sus dudas, sobre la filosofía que expresaba Manuel. Le parecía un relativismo muy extremo dentro del cual no quedaban criterios para distinguir lo mejor de lo peor. Cuál podría ser el rumbo cierto para que los dirigentes lo indiquen a las masas y así. ayudarlas a elevarse.
Abelardo quizo explicar el sentido de la palabra relativismo, pero Manuel ya había entendido a través del resto y sin muchas vueltas estaba respondiendo que por lo general la gente no necesita de un guía. Que la gente por lo general sabe lo que quiere y lo que le conviene, especialmente después que se atreve a confiar en su propia inteligencia. Que los buenos guías, en todo caso, son aquellos que saben entender el deseo de su pueblo y concretar los medios para llevarlo a cabo.

-Estábamos acostumbrados a obedecer.
-Pero la gente no tiene conocimientos técnicos, en cada materia...
-El que tiene más conocimientos se los transmite a sus vecinos y, en todo caso, que sea él el que dirija esa obra. Pero no todas... Ni eso le tiene que dar más derecho ni poder...
-Pero la naturaleza humana...?
-La naturaleza humana siempre se ha amoldado a las circunstancias. Se amoldó a veces a la esclavitud. A los campos de concentración... También se amolda a la igualdad y a la libertad.

Abelardo fue ahora el que volvió con la misma objeción de Ernesto. Le chirriaba un poco eso de tratar al mismo nivel la libertad y la esclavitud, como si fuesen realidades equivalentes, intercambiables.
Tampoco con esto estuvo de acuerdo Manuel diciendo que es la gente la que puede hacer las elecciones de lo que es mejor o peor. Que los dirigentes por lo general se marean mucho con esas cosas y terminan queriedo cerrar los oídos y hacerle hacer a los otros lo que a él se le ha antojado. Explicó, medianamente, como pudo, que a su modo había sido un dirigente en la otra tierra, que hasta cierto punto todavía lo seguía siendo, si es que encontraba la manera de retornar.

Esa mención al retorno trajo de vuelta a la rueda el fantasma de la nave que habían estado tratando de construir. Se instaló sobre la alfombra tejida de fibras de coco y quedo bamboleándose con sus alambres torcidos a modo de sarcásticas sonrisas. Un verdadero bajón.

-¿Qué pensás hacer? -le preguntó directamente Abelardo.
-Lo único que se me ocurre es hacer otra del mismo tamaño que las de allá... Pero se necesitaría un galpón bastante más grande...

Nadie le contestó porque en ese momento fue que sonaron los famosos tres golpes sobre la puerta. Pausados, firmes, casi lapidarios. Sensación del perseguido que sospecha haber sido descubierto. Planes de escapatorias por el lado opuesto de la casa. Escucha atenta del silencio que desde el otro lado de la gruesa puerta, llegaba como una masa de estopa que nunca hubiese tenido esa contundencia para golpear. Se calmaron un poco. No era un pelotón de fusilamiento, ni un conjunto de milicos apurados para dejar de mojarse. Más probablemente, se tratara de una sóla persona. A esa hora... Ernesto se levantó con el aval de ellos y fue a abrir la puerta. La abrió de forma decidida, como no teniendo temor de lo que pudiera verse una vez abierta. Eso que por fin se vio, ese grotesco perfil de una figura gigante recortada en negro por la luz de rayo que caía horizontalmente por toda la calle. Figura que dió un paso y ya bajo de el umbral mostró no ser tan alto como la puerta y...

-¡Mandinga! -gritó Manuel.
Mandinga pidió permiso y avanzó un poco más, hasta donde la luz artificial logró pintar de detalles aquel hippie de Parque Jurásico calzado con ruedas de auto y peinado, más que con rastas, con resortes de yute.

Una vez adentro largó su risa.

-Te andaba buscando Manolito

martes, agosto 29, 2006

57 - Sólo acepto quejas.

En la ventanilla de informes no había nadie, buscó un timbre o alguna otra manera de llamar, golpeó con los nudillos… Una voz opaca surgió de la madera que se acababa de tragar el sonido de sus golpes:
-Cuasi maderas “EUCA” absorben los ruidos molestos.
Por fin gritó:
-¡Eh! ¿No hay nadie, aquí?
En el espacio visible seguía sin haber nadie, pero al costado, por sobre el mostrador de la ventanilla de quejas apareció una cabeza calva cuya cara parecía un culo.
-¿Qué carajo quiere?
-¿No hay nadie para los informes?
-¿Y yo qué soy?
-¿Usted es un informe?
-¡Idiota! Yo soy el encargado.
-¿Y por qué está ahí, en la ventanilla de quejas?
-¡Y a vos, qué mierda te importa?!
-¡Pará pelao! Vos no me podés tratar así…(o te voy a cagar a patadas!)
-Presentá una queja.
-Sí la voy a presentar…¿Pero dónde la presento?
-¡Aquí pelotudo! Esta es la ventanilla de quejas.
-Bueno… Vengo a presentar una queja.
El pelao tomó unos papeles de sobre el mostrador y con una agilidad asombrosa prácticamente se zambulló detrás del escritorio que quedaba al fondo del receptáculo. Manuel comprendió que tenía que armarse de paciencia y seguir el juego. Primero pensó que al cabo de unos minutos iba a venir a atenderle pero no…
-Señor.
-¿Qué mierda quiere?
-Presentar una queja.
-Alguna estupidez, seguro. Espero que no me haga levantar por una estupidez.
-Quiero presentar una queja porque en la ventanilla de informes no hay nadie para atender.
-Y claro que no hay. Yo no puedo estar en dos lugares.
-Entonces, ¿por qué no me da el informe aquí?
-Porque aquí se reciben quejas, no se dan informes.
-Bueno, venga para la otra ventanilla así me informa.
-¿Acaso lo que me está diciendo es una queja?
-Le estoy pidiendo que me atienda…
-¡Yo sólo recibo quejas!
-Bueno…me quiero quejar de que el encargado de informes, que es el mismo que el de quejas, se queda en las quejas, sin hacer nada y no viene a atender a la gente que necesita informes.
-¿Gente? Querrá decir pasajeros?
-¿Me va a recibir la queja?
-Primero muéstreme su número de asiento
-No tengo, pelao!
-Ah, no tenés? Yo te veía algo raro!
El hombre había de pronto recuperado toda su alegría juvenil. Sonriendo de forma bastante teatral levantó su brazo izquierdo, lo flexionó en el codo y con su dedo índice fue exactamente a presionar aquel botón rojo que lucía en su sien.