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domingo, abril 15, 2007

271: MALVADO DIBUJANTE

Volvió lentamente a la escena con sensación de niño orinado. Nadie le decía nada y él sólo quiso abrazarse con Magdalena a esperar la carcajada contra su pecho. ¡Gurí bobo! Haberse creído la historia que tramaban los viejos de arriba! Claro, ellos están muy tranquilos con sus dimensiones extras y el segundo tiempo ese para pasarse imaginando historias que no van a tener que vivir. Así es fácil. ..Viejos de mierda… No. Lo mío es el pasto y la poda de ligustros, hay que volver a la realidad. No tengo un peso en el bolsillo y estoy viviendo a costillas de este pobre hombre más bueno que Lassie. ¿No los estarán escribiendo a todos? A mamá, por ejmplo. ¡Nunca la vi tan tranquila! La flaca hippy, como le decía Luque. Qué raro que todavía no me apareció el padre perdido a reconocerme y darme su apellido justo a tiempo para cuando saliera en las tapas de los diarios. Manuel Schwatzceneger por ejemplo, el nuevo rey del mundo, con los dientes brillantes y un anillo descomunal en los dedos, todo sobre un fondo donde las nuevas bolas de acero inoxidable toman velocidad saliendo de la atmósfera terrestre. ¡Qué boludo! Tendría que haber estudiado dibujo, nomás y escribir mis propios guiones en vez de… Lo peor es que no les puedo agarrar bronca! Uno es mi abuelo y yo se que es buenazo y el otro… Si me habrá llenado el alma de imaginación! Tirado panza abajo en aquel diván floreado del abuelo lleno de revistas alrededor. Hora Cero. Hasta las letras de la tapa me parecían llenas de ese entusiasmo que hay…no no es entusiasmo es…son cosas que están en varios lados, en los dibujos en blanco y negro, hasta el puntito de la perforación de la bala en el cuerpo parecía que… o esas que escapaban de la boca de Kirk cuando hablaba fuerte o hacía algún ruido. Lo que tienen es que parecen ser la verdad de las cosas como ocurren, y no los detalles amontonados sobre la vista de uno para que vea que bien que dibuja el tipo. Yo lo hubiera dibujado así como Hugo Pratt, claro…después que él me enseñó a mirar las cosas como dibujos!
Enderezó la cabeza y miró hacia los otros. La galería se veía enorme achicándose en la perspectiva, con sombras y luces que iluminaban las caras de sus compañeros. De pronto lo vió todo como un dibujo y le dio mucha impresión ver los rostros. Ah malvado dibujante, pero genial que, pudiera armar aquellas caras todas distintas, con cuatro manchas de tinta negra y algunos trazos de pluma! ¡Mandinga estaba como hecho por Brescia! Y él era el único espectador avisado para contemplar la obra…. El Cholo con..sí nunca se había fijado que el Cholo tiene los ojos metidos debajo de las cejas y le brillan medio rectangulares a los lados porque… Y el Dengue tiene esa tremenda trucha! Sí que la tiene. Y Vittorio con su blancura casi sin detalles por estar muy cerca de la luz… ah…
La última imagen que tuvo antes de volver a enterrar la cara sobre el pecho de Magdalena fue multicolor porque pareció que todas las negras figuras dibujadas se volvían de golpe manojos de hilos de luz , de aquellos que había visto sobre la Magda y que eran la Magda misma. Era eso que se desencadenaba otra vez dentro de su mente y que… No eso nadie se lo había puesto! Se acordaba ahora que de chico, cuando miraba algunos dibujos que mucho le interesaban, los veía compuestos por hilos que se entrecruzaban. Había sido un juego con algunas cosas que no sabía por cual causa se prestaban para eso.
Así que…


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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lunes, diciembre 04, 2006

144: ¿Quién no conoce al Sargento Kirk?

Apenas habían tragado las últimas porciones de pizza y cuando todavía limpiaban los chorretes de salsa que habían salpicado la mesa, en el aire de frente a sus caras aparecieron letras nerviosas, manuscritas en imprenta y ampliadas hasta una pulgada sobre un fondo improvisado de entramados blancuzcos, que hizo de toda esa banda una perfecta pantalla de proyección. Un título: “Mensaje de G. Oesterheld para Manuel”. No sólo eso, sino que apareció un marco de hermosas líneas negras en cuyo interior se fueron engendrando dibujos y armando un mundo de significantes detalles que Manuel pudo identificar sin ninguna dificultad. Allí estaba de medio cuerpo, con su chaqueta azul y su gorrita el entrañable Sargento Kirk, quién, seguramente sentado sobre algo que el recuadro no dejaba ver, sonreía haciendo miradas rápidas en dirección al cartel y largando de entre los labios esas cositas que siempre largaba, saliva o un pequeño pucho de cigarro tal vez –misterios insondables de la historieta. Porque se movía! Aparte de sonreír y de largar esa cosita, el dibujo se movía trepando las irregularidades ásperas de la trama y tomando para sus líneas y colores nuevas zonas del recuadro. De pronto miró a Manuel, como si siempre hubiera sabido que allí estaba, absorto y boquiabierto como un niño. Lo miró con la misma sonrisa cómplice con que había hecho los visajes al letrero y al mismo tiempo como pidiendo permiso para esa suerte de intromisión. Sacó una pierna por sobre la raya y enseguida boleando la otra, se bajó del recuadro y avanzó tranquilo –flameante lámina impresa— hasta el sillón que hubiera sido del Rulo, para sentarse en él de piernas separadas y torso adelantado, como quién va a decir algo muy cercano.
—Hola.
--(¡El sargento Kirk!) ¿Qué hacés acá?
--Ah, me reconociste?
Manuel se rió con infantil vergüenza.
--¿Cómo no te iba a reconocer. ¿Quién no conoce al Sargento Kirk!
Kirk sacó con pachorra su tabaquera y se puso a armar. Quería disfrutar por un momento, seguro, la suprema felicidad de un dibujo. Ser observado con deleitado placer, como el que evidenciaba la tonta sonrisa de este nuevo amigo…
--Te traigo un mensaje… Un Mensaje de Germán –dijo, levantando la mirada de sus pequeños y rectangulares ojos y recorriendo con ella a todos, como si preguntara por la conveniencia de hacerlo en público.
Pero Manuel no salía de sus propios recuerdos.
--¿Cómo era que te fuiste del ejército para ir a pelear a favor de los indios…?
--Ya no te acordás. ¿Viste qué al pedo que ha sido mi lucha? –bromeó la cara de Kirk debajo de la pequeña visera y las espadas cruzadas.
--¿Y cómo es que hablás igual que nosotros?
--Con el troesma Germán he aprendido muchas cosas de ustedes los gauchos. También los indios del norte me contaron cosas de los del sur, pero claro, me contaban lo que Germán escribía por las noches para poner en sus bocas…
--No entiendo una cosa. ¿Por qué te manda a vos con el mensaje?
--¡Es más barato, ja ja! No. En serio a mi me puede mandar dibujado con lo que se ahorra unos cuantos tera-no-se-qué.
--Y vos… aparte de venir dibujado… allá donde estabas… ¿Cómo estabas?
--Dibujado, Manuel! Yo soy un dibujo en cualquier lado. Claro que allá tengo volumen.
--¿Y quien te dibuja?
--¡Hugo Pratt, quién más!




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