jueves, diciembre 15, 2011

863. El otro.


Enseguida fue que el Manuel foráneo abrió la maleta de su alma compungida. Dijo venir al encuentro de su hermano dimensional, así se expresaba, vapuleado por innúmeros fracasos, allá en su mundo, en una larga lucha de trabajo político. Era algo así como un militante de primera en la causa ácrata. Un entusiasta seguidor de las ideas que pretenden igualar a todos los humanos en derechos y obligaciones, así como en capacidades y méritos, despreciando cualquier evidencia contraria.
Dijo allí, sentado en aquel tronco verdoso de líquenes, descreer de toda naturaleza humana, a no ser que ella fuese el conjunto de tácticas y estrategias que los seres utilizan para sobrevivir y adaptarse a circunstancias  siempre distintas, de modo de perpetuar la especie y avanzar en el camino de la comprensión del todo.
No ser un místico sino un práctico e instintivo buscador del camino más corto hacia una humanidad igualitaria, que dejara de peregrinar tras las riquezas engañosas y enfrentara el enorme misterio de la existencia de la conciencia...

Hablaba mucho y gesticulaba los brazos dentro de aquellas mangas verdes, mientras de ojos saltones miraba a su tocayo  al que parecía decidido a convencer con la evidencia de la verdad.

-La humanidad de mi mundo se ha perdido tras todas las boludeces que el sistema económico le presenta como tentadores platos de un menú casi infinito.

Manuel, sin comprender todavía cual sería la ayuda que se le venía a pedir, asintió con movimientos de cabeza.

-Aquí pasa más o menos lo mismo.

Que no, afirmó el otro, que se trataba de grados distintos de estupidez. Que allá cada cosa tiene su precio, así sean vidas o países. En cambio acá, bueno...

-¿Y en qué te puedo ayudar...?

Entonces la sorpresa. El otro era un lector cotidiano de una historia que se contaba en un blog allá en su mundo, sobre las andanzas de un personaje llamado Manuel,  que se suponía estar basado en la real historia de alguien que en algún lugar de los infinitos mundos posibles, había conducido a las masas humanas, casi sin decir palabra, hacia lo que él y todos los anarquistas del mundo no lograban siquiera hacer entender.

-He podido comprobar que ese Manuel sos vos. Dijo, casi con el último aliento

Manuel se sintió atrapado. Algo en su interior le impulsaba a no dejarse comprometer con ninguna clase de lucha. No estaba llegado el momento.

-¿Cómo hiciste para apartarlos de tanta cosa mezquina?

-Nada... Yo no hice nada... Cuando le gente quiere hacer algo encuentra un líder.

(( VISTA CLÁSICA ))
votar
Publicar un comentario en la entrada