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domingo, julio 06, 2008

562. ¡ Arréstelos !

... acompañado de la señora de la peluca quien, todavía con el xyz en la diestra, lograba erigir su indice acusador inequívocamente hacia sus cabezas.

-Son ellos. Subversivos antisociales que pretenden socavar las bases de nuestro mercado!

El oficial exigió la presentación del documento electrónico. "No tenemos", replicó directamente Manuel.

-¿Cómo que no tienen? ¿No sabe que es absolutamente imprescindible para circular por la vía pública o para desempeñar cualquier tipo de actividad, inclusive la respiración, sobre territorio nacional?
-No somos de aquí, somos uruguayos.
-Entonces debe presentar tarjeta de ingreso de la dirección de migraciones y aduanas que también está bajo el control de nuestra compañía, es decir repartición.
-Nada de eso.
-¿Ilegales? ¿Ingresados ilegalmente? Me van a tener que acompañar.

Salieron los cuatro a paso redoblado por un túnel húmedo y agobiante que pasaba por debajo de las vías e iba directamente hasta un patrullero estacionado sobre la Avenida Rivadavia. Ya entrados en el vehículo la señora de la peluca empezó a entrar en confianza con el oficial a través del tema de la oferta del XYZ que estaba dispuesta a vender por algunos pesos menos, a cambio de que le consiguiera una rebaja en la cuota mensual del documento único electrónico y el agregado catorce para el mismo, un chip muy novedoso que autorizaba a vender mercadería dentro de las oficinas públicas, calabozos y baños incluidos. El trato pareció cerrarse cuando ya la sirena del movil resonaba por las calles, porque los muchachos entonces pudieron ver cómo el oficial terminaba con el telefonito en la mano y sacaba desde dentro de su chaqueta un extraño aparatejo donde introdujo el documento que la mujer le entregara, disimuladamente, como si todo formara parte los adminísculos y manuales del aparato. Sonriéan con sonrisa inteligente cuando el patrullero entraba en el talud de la comisaría. Mostraban adusta expresión ciudadana cuando bajaban en una especie de rampa peatonal, se habría automáticamente una puerta y la red de parlantes cantaba "entran cuatro" con una voz extañamente parecida a la de Palito Ortega en la juventud.
Parecía una caja de banco pero era alguna otra cosa porque detrás del mostrador se sentaba otro cana en cuyo gorro se veía un logo distinto al gallito clásico y ni señas de algún escudo argentino.
El oficial introdujo él mismo una tarjeta electrónica en la ranura de sobre la tabla, encima de la cabeza y a las espaldas del otro giraron una serie de luces multicolores un par de vueltas y se detuvieron con un sonido de flato desafinado. El oficial mostró una resignada expresión y murmuró mal sobre su mala suerte.

-Siga participando- dijo automáticmente el de la ventanilla.

Pero cambió abruptamente su sonrisa por una anticuada cara de culo cuando volvieron a restallar en tonos de rojo intermitente acompañadas de algo como sirenas.

-Reconocimiento denegado-Reconocimiento denegado-Reconocimiento denegado-Re...

Del techo se precipitaron al suelo varios paneles de cristal antibalas que rodearon al grupo de los cuatro reteniéndoles en estrecha e indeseada intimidad. Por dentro del cubículo resonó la misma voz ortegueana de antes pero más autoritaria.:
-Dispone de treinta segundos para pasar la verdadera tarjeta de identificación. La que ha pasado parece ser una de River Plate.
El oficial bufó:

-¡Otra vez la misma mierda! - y trató de hacerse oír a través de los blindados- Soy yo, Caridi, no te acordás de mí?

El otro se encogió de hombros y abrió las palmas a los lados como diciendo que nada podía hacer contra los criterios de la computadora. Enseguida el piso cedió terreno a un largo tubo neumático que los tragó como a sardinas enlatadas y les condujo hasta la panza del sistema, es decir, un especie de celda bastante limpia, aunque con fuerte tufo metálico en su aire.
Allí el oficial se descompensó del todo prorrumpiendo en gruesas puteadas y lamentos varios entre los que llegó a pintar un tiempo anterior en su vida, cuando trabajaba de fletero con su chatita en Isidro Casanova y ni se le había pasado por la cabeza esto de meterse de cana. Hablaba con lágrimas en los ojos esperando tal vez compasión de parte de sus detenidos, o comprensión, al menos de la sucesión de circunstancias anómalas que le habían llevado a vender su herramienta de trabajo y conseguir un crédito con hipoteca sobre la casita de su vieja para llegar a los veinte mil que valía entonces el cargo que ahora ocupaba.

-Sí, por supuesto que compré mi cargo. No hay otra manera...

Y mientras seguía contando entre lágrimas que caían extrajo de entre sus ropas un pequeño sobrecito lleno de polvo blanco que distraídamente regó en forma de cuatro líneas sobre el fallido documento electrónico. Formó un tubito con parte del folleto del XYZ y aspiró con una narina toda la raya antes de ceder el tubo a la señora de la peluca que en silencio imitó su conducta. Manuel y Magda conocían el ritual de verlo por la tele y apenas agradecieron la gentileza del ofrecimiento sin aceptarlo, antes de ver que poco a poco el hombre iba dejando de lagrimear y la señora volvía al tema de las ventas confesando sus planes futuros para cuando introdujera la nueva línea de I-pod, los estimulantes sintéticos de última generación y una serie de novedades que se prestaban perfectamente para ser vendidas en oficinas de alto nivel.
El oficial, ya completamente recuperado, no quiso pasar por menos y arremetió con las ventajas que su nuevo trabajo en realidad tenía sobre el anterior.

-Ahora con dos o tres procedimientos diarios que haga me llevo entre el diez y el cuarenta por ciento de lo que se recaude por fianzas, multas o producciones.
-¿producciones...?
-Producciones... ¿No saben lo que son producciones? Son... bueno, lo que antes se llamaba cohecho, apremios ilegales... todas esas cosas. Ja con lo que saco en una semana me puedo comprar una chatita mucho mejor que la que vendí!

miércoles, diciembre 20, 2006

160: ¡Se llevan al Rulo!

Manuel se recostó a un tronco para esperar que llegara el Rulo y contarle lo sucedido. Después iba a seguir a encontrar a la flaca que suponía aun en la casa y…
Pero vio que de la bocacalle anterior salía un patrullero, se atravesaba frente a Rulo y se bajaban tres milicos a pedirle documentos. Manos contra el móvil. Subí vamos a la comisaría. Salieron sin prender la sirena.
Cuando se iban Manuel quiso correr detrás, o gritar que no se lo llevaran, porque seguro que a quién buscaba era a él y él no quería ser responsable de lo que le pudiera pasar al Rulo. Un mal rato por lo menos por una simple confusión.
Apuró el paso mientras se iba trazando un plan. Pasar por la flaca para avisarle que estaba libre y bien, y seguir después para la comisaría mientras ella con el teléfono se conectara con Giorgionne y éste con Pepponne y Pepponne con… y que después le avisara a Julieta… aunque…tal vez no fuera conveniente avisarle todavía, no fuera que lo largaran enseguida y fuera al pedo preocuparla en pleno embarazo…
Pronto llegaba al callejón paralelo y se echaba a correr rumbo a su casa mostrando alternadamente las suelas rojas de sus championes –como corren los campeones cuando el apuro les apremia, o el cagazo. Apuro para llegar antes de que le pasara algo al Rulo “con lo cagón que es para esas cosas” y cagazo porque…(los milicos son milicos, loco!).
Llegó a la casa y encontró a Magda, sola y nerviosa a pesar de haber sido avisada del fin de la cacería. Había estado tentada de ir a buscarlo a los lugares posibles pero se había contenido por pensar que tal vez volviera en cualquier momento y era mejor esperarlo allí.
-¡Se llevaron al Rulo, flaca!
-¡No puede ser…!
Pudiera o no pudiera, se lo habían llevado y a esa hora estaría cagado en los pantalones, pobre Rulo, aunque…capaz que le venía bien para avivarse un poco.
-Yo digo, nomás de malo que soy. Porque yo soy muy malo, guachita auuuhhh, y te quiero comer toda y dejar al Rulo cagándose solo en la celda, ja ja!
-No hagas bromas!
-Me voy. Avisá a todos por teléfono.
Salió corriendo por la cortada de las hermanas Bronté y tratando de pensar cuál sería la manera más adecuada de exigir que el Rulo fuera liberado de inmediato. Pedir para hablar con el comisario, claro. Porque no le iba a decir al milico de la puerta que lo largue. “Señor milico quiero que largue a mi primo”. Tenía que hablar con la autoridad que le daban...sus veinte años. ¡Qué cagada! No le iban a dar bola… O con la autoridad de la ley…¿Cuál ley y qué dice la ley? No sirve. O si no: “Yo venía a preguntar…” Así, bien mansito. Claro que le podría decir que el Pepe Mujica en persona le había dicho que esa orden de detención había sido una metida de pata del milico del ministerio y que ya había sido anulada, ¡qué mierda! (…¿y si en realidad lo andaban buscando al Rulo por otra cosa…?) Por qué lo iban a andar buscando? El Rulo nunca se metía en problemas, a no ser para defenderlo a él…
-¿Está el comisario?
-Acaba de llegar.
-Y…mi primo el Rulo ¿está detenido?
-No hay ningún detenido.
-¿Cómo que no? Yo vi cuando lo subieron al patrullero.
-¿Qué patrullero?
-Un Mustang gris.
-¿Mustang…? Usted no sabe lo que dice!
-Quiero hablar con el comisario!
-Vamos a ver si quiere recibirlo…
-Tengo derecho a que me reciba.
-¿Y si está ocupado…?




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