jueves, diciembre 13, 2012

917. El Jardinero

Cuando las cosas no tienen explicación posible más vale no buscársela. No puede tener explicación que un par de humanos jóvenes caiga sobre una cama y se queden ahí tiesos sin comer ni beber por un par de meses,  a lo menos, dejando que muchos pensasen que se habían muerto, es decir desertado del juego que a todos nos entretiene.
Por eso no le busquemos explicación.
Digamos oportunamente que de pronto, en algún momento futuro con respecto a aquél pasado, Manuel, aún sobre la misma cama, abrió sus ojos al techo de la misma habitación. El mismo techo que ahora, en paralelo, comenzaba a contemplar Magdalena, quien acababa también de abrir los ojos.

No se dijeron nada entre ellos, como si eso de dormir dos mese fuera algo de todos los días. Simplemente buscaron a cada uno de los lados de la cama, el correspondiente par de championes en el suelo. Se los calzaron y juntos salieron acordadamente hasta el frente de la casa.

Parecía ser la tarde de un día caluroso, tal vez de Diciembre. Una suave brisa potabilizaba el calor con sus soplos desde el oeste. Altas nubes reflejaban los rayos del sol desde el este y tras los árboles del bosquecito, el Río de la Plata humectaba un poco el aire... Se podía adivinar.

-Yo soy Manuel, un simple jardinero de Lagomar- dijo Manuel mirando hacia el sur -, al que le han ocurrido muchas cosas... como a cualquiera le ocurren- agregó.

Magdalena sonrió mirando también al frente, no por encontrarse en algún trance hipnótico, ni sumergida en ningún grado de estupidez, sino, tal vez, por estar comprendiendo la profunda verdad que contenían aquellas pocas palabras.






                                                                                                                                                                                      
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