sábado, septiembre 30, 2006

82 - Pinchando El Cable de Dios

-¿Así que vos tampoco estás con Dios?- Preguntó Manuel cuando Ernesto Federico le alcanzaba un vaso con algo alcohólico que no le había ofrecido.
-Ni con el Diablo.
-¿Y qué sabés de las bolas?
-Sólo lo que he podido piratear con la computadora, que no es mucho. Dios tiene unas barreras muy poderosas, pero en un sistema tan enormemente complejo siempre quedan resquicios por donde colarse.
-Pero cómo ¿Dios también usa computadoras?
-No boludo! Pero tiene sus formas de comunicación que son también como ondas que atraviesan el universo. Yo pirateo ahí…
-¿Le pinchás el cable?
-Ja, llamale así. Pero entender las ideas de Dios es muy difícil. Él está acostumbrado a un espacio de once dimensiones y tres tipos de tiempo distintos…
-Y yo que tenía miedo de estar loco!
-¿Cuándo viste la bola? Habrás creído que era un ovni.
-¡No qué ovni! Las bolas me llevan para todos lados. Al principio sí, creía estar loco.
-¿Te llevan…a dónde?
-A todos lados. A Buenos Aires… a Guichón…
-A Guichón ¡qué interesante! Dejame ver…
Se volvió a sentar en la compu y a disparar ráfagas de dedos, hasta que el primer globo terráqueo que había aparecido se le vino encima y un pequeño cuadriculado más blancuzco que el resto quedó dominando casi toda la pantalla.
-Guichón está a sólo dos quilómetros de un punto donde la onda de control hace frecuentemente un nodo!
-Ya no me asustan…
-Con frecuencia en estos lugares pasan cosas raras…
-Por eso esta vez me revelé.
-…que la gente confunde con ovnis. También nacen personas de pensamiento independiente.
-No quiero que me lleven más. Lo que quiero es quedarme acá con la flaca y…
-Sería bueno saber para qué te llevaron allá. ¿Te dijeron algo?
-Porque la quiero.
-Los de la bola…¿te dijeron algo?
-Con los únicos que hablé fue con los de las ventanillas de informes y de quejas…que era el mismo tipo.
-¿Y qué te dijo?
-Que como estaba en la ventanilla de quejas, no podía dar informaciones…y otras pelotudeces!
-¿Y de por qué te habían raptado?
-No, de eso nada. Me pidió el número de asiento y como yo no tenía llamó a los gurkas y…
-Y te dejaron allá…
-…después me trajeron de vuelta.
-¿Al mismo lugar?
-Al mismo momento. ¡Nadie se dio cuenta!
-¡Qué extraño!

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viernes, septiembre 29, 2006

81 -El Viejo Tunga

Llegar al aposento fue lo mismo que sentarse Ernesto Federico frente a la computadora ya prendida y empezar a decir cosas incomprensibles para Manuel, al mismo tiempo que tecleaba disparates y dejaba que su cara se iluminara con todos los colores cambiantes que producía aquella pantalla enloquecida.
-Quedate tranquilo, te perdieron de vista.
-¿Quiénes…?
-Los de las bolas de Dios, que casi te atrapan.
-Ah, claro. Vos los viste y me…
-No, los que te salvaron fueron los Tucu tucus. Yo me enteré del operativo, la encerrona y les pasé la información a ellos…
-¿Me estás jodiendo?
-Te estoy diciendo la verdad! Ya te dije que eran mutantes. Son del tamaño de un carpincho y tienen en todo sentido la inteligencia de un profesor de matemáticas; acumulan conocimientos que no saben transmitir.
-Pero yo pasé por esas cuevas y no vi ninguno…
-Cuando vos pasabas se escondían. Son muy tímidos… Mirá, vení para acá.
Sobre uno de los estantes había un portarretratos con marco de marfil, en cuya foto se veía a Ernesto Federico abrazado a un Tucu tucu gigante.
-Este es el viejo Tunga, un verdadero sabio! Sabe de todo. Lastima que hay que saber preguntarle. Ellos, lo que no saben es enseñarte a preguntar.
-¿Cómo?
-Porque ellos te contestan lo que sea, pero si la pregunta está mal hecha, la respuesta resulta completamente inadecuada… Y nuestras preguntas están…casi siempre mal hechas!
-¿Por qué… casi siempre mal hechas?
-Porque somos así. Nosotros no sabemos nada y hacemos preguntas a como nos salgan, confiando, con razón, en que el otro las va a entender a pesar de todo. Entre nosotros funciona porque el que escucha la pregunta, sin darse cuenta adivina la verdadera curiosidad del preguntante y es eso a lo que responde y no a lo que la pregunta, en un sentido lógico, apunta. Una mente de Tucu tucu funciona completamente distinto. La respuesta de ellos está tan condicionada por el sentido literal de la pregunta que, basta con el cambio de orden de alguna palabra o con el largo de alguna pausa, para que cambie. Pero lo que contestan es siempre correcto hasta cuando pensamos que se han equivocado…En esos caso siempre los equivocados hemos sido nosotros, que sin querer hemos preguntado otra cosa.
-¡Te fuiste al carajo!
-Quiero decir que los Bichos saben mucho, pero para que te den información, tenés que ser un sabio en la ciencia de hacer preguntas. Y aun asi…
-¡Ah, bueno!


jueves, septiembre 28, 2006

80 - ¡Soltame, hijodeputa!

Tuvo que arrastrarlo tomándolo de las manos. Lo arrastró poco porque advirtió enseguida que si lo llevaba así sobre ese suelo de arenisca, los pobres talones descalzos del tipo… Y además que no sabiendo para qué lado quedaba la salida era bastante ridículo andar arrastrando un hombre, por muy primitivo que fuera. Tenía que encontrar la puerta… ¡Eso era! Acomodó el Mem contra una pared y se puso a mirar a lo largo de la caverna que, como casi todas, era más larga que ancha. En los extremos se achicaba para seguir por un estrecho conducto. Arriba y a los lados era todo de esa arenisca rosa que… ¿De dónde saldría la luz que la iluminaba? Otro misterio. Como ese cordón negro que a lo largo colgaba de una serie de clavos y se terminaba metiendo también en el pasaje estrecho… ¡Un cable! Un cable que venía de afuera… de la casa del Mem probablemente. Así que siguiendo el cable…¡Ta! Lo iba a sacar arrastrando aunque se le estragasen los talones. ¡No lo iba a dejar ahí!
Lo agarró de nuevo y con él a rastras fue retrocediendo sin perder de vista, de reojo, el recorrido del cable y tratando de llevarlo por donde el suelo era más parejo… hasta que sintió que el tipo se quejaba.
-Soltame hijodeputa!
La armonía se recompuso tras confesar Mem haberse equivocado en la cantidad de gotas de jugo de hongos sanguíneos. Menos mal que Manuel no había tragado nada, porque si a él, que estaba acostumbrado lo había revolcado en convulsiones… cuanto más a… ¡Ni que hablar!
-Vení seguime, ya me siento bien. Pero… ¡cómo me arden los talones!
Se metieron por el agujero chico, dentro del cual apenas se podían mover horizontalmente gateando por el piso. Se dio cuenta Manuel, que dentro del tubo el Mem seguí con su charla porque en las partes donde el hueco era más ancho, algo se escuchaba y además porque el culo y las plantas de los pies se le movían con un ritmo que sin dudas era el mismo que el de su conversación.
Por último llegaron a un espacio dónde había una escalera. Era un viejo aljibe seco en el patio del caserón donde vivía el Mem, Ernesto Federico de Oliveira e Souza, maestro mayor de la Orden de los Caballeros Rojos y descendiente de la tribu de los Gung-As, los mayores cazadores de leones que han habido en el Brasil.
-Vení a casa, tomemos algo.
-Yo, en realidad estoy apurado, andaba buscando…
-¿A esta hora? Me parece que se ha hecho tarde…
Después de saltar del brocal del aljibe al piso Manuel se enderezó y pudo apreciar la sombra del caserón que les rodeaba por tres lados. Se le encogió el alma. Aquello parecía una de esas mansiones malditas en las que en las películas de terror ocurren las cosas más espantosas. Todo estaba a oscuras, salvo el cielo estrellado. Y silencioso, a no ser por los criques de los grillos que le parecieron demasiado cercanos y potentes. Ernesto Federico se adelantó y prendió las luces que le dieron a la casa un aspecto aun más tétrico al iluminarse ventanas y aberturas que parecían ojos que miraban y una boca de sonrisa macabra…
Entraron y todo lo que de afuera parecía decrepitud y abandono, por dentro se confirmaba, salvo un salón grande, estudio y dormitorio que parecía ser la única parte habitada de la casa. Allí todo estaba en ordenado orden, con muchos estantes que prácticamente rodeaban la parte central que era la que ocupaba la computadora.


miércoles, septiembre 27, 2006

79 - ¡No digas estupideces!

-Bueno vecino, ¿me vas a ayudar a salir de aquí?
-Lo haría pero ¿cómo sé que no vas a revelar el secreto?
-Te lo juro.
-Mejor que eso voy a consultar la experiencia. Esperá un momento.

El Mem se puso en posición de yoga y se quedó estático, con los ojos cerrados. Respiraba, sí, pero muy pausado y lanzaba, cuando el aire salía de los pulmones, un gracioso silbido por la nariz. Fueron no menos de diez minutos de silencio y silbidos hasta que se volvió a incorporar frente a Manuel.

-Está claro. La experiencia indica que vos revelarías el secreto, porque no es un tema que te importe. Pero, también indica la experiencia que lo revelarías aunque el secreto fuera algo que te importara mucho. El ser humano no soporta guardar un secreto por mucho tiempo y termina encontrando un justificativo para revelarlo. Es casi un axioma que la mejor manera de hacer circular una noticia es presentarla como un secreto…
-¿Y qué…? ¿Me vas a dejar aquí abajo y vas a poner una piedra sobre la tapa?
-También podría matarte y dejarte aquí enterrado…

Manuel retrocedió varios pasos hasta que su espalda chocó con la pared de arenisca roja que no le tiño la ropa de ese color, primero porque su remera ya era roja y además porque la arenisca roja no destiñe… Mientras tanto el Mem reía y le hacía señas tranquilizadoras.
-Me estás mintiendo. ¡Vos me estabas esperando! Ya sabías que yo andaba entre Dios y el Diablo.
-No la hagas más difícil… Podrías ayudarme a pensar cómo podemos hacer para que puedas salir sin que el secreto corra peligro.
-Salgo con los ojos cerrados.
-¡No digas estupideces!

Transaron por fin en que saliera en estado inconsciente tras tomar un té que el Mem sabía preparar con unos hongos que crecían en las paredes de la cueva. Para eso se fue hacia unos huecos sombríos y volvió con varios honguitos rojos punteados de blanco. Apoyó una mano contra el muro y Manuel vio cómo toda una parte giraba horizontalmente y se perdía hacia adentro dejando al descubierto una especie de mostrador y unos estantes llenos de frascos de losa blanca con inscripciones azules. Lo que el Mem hizo allí, Manuel no pudo verlo, cubierto por su espalda, pero no pudo ser mucho en tan poco tiempo como el necesario para acercarse a la mesa, mover un par de veces los codos hacia delante y atrás y ya darse vuelta extendiendo sobre una mano una tacita de té humeante.
-¿Y cómo sé que no es veneno?
-Yo también voy a tomar.

Efectivamente el ex primitivo sostenía ya otra tacita igual que iba levantando hacia sus labios una vez hecho “upa” con ella y los ojos, queriendo ser un brindis o tal vez invitación.
Manuel vio el movimiento de su garguero cuando tragaba el primer sorbo de aquel asqueroso brebaje bermejo y a su vez fue levantando su taza, dispuesto a pasar de una vez por aquello, sin embargo no llegó a hacerlo ya que antes el Mem se agarró la garganta con una mano mientras la otra tiraba a la mierda la taza y se derrumbaba al piso con la cara verde y estertores de muy dudoso pronóstico!

martes, septiembre 26, 2006

78 - La Cueva de los Tucu Tucu

-No podés renegar de mí. Estoy en cada célula de tu cuerpo y te puedo contar la historia de nuestra especie.
-¿De qué especie?
-De la humana… Vos y yo ¿no somos humanos, acaso?
-¡Pero yo no soy tan negro!
-¿Y eso qué importa?
-Perdón. Era una broma.
-Por lo menos no haz perdido el sentido del humor.
-Soy humano…
-¡Eso!
-Bueno, pero ¿para qué me hiciste venir?
El primitivo protestó primero y después se puso a dar confusas explicaciones para convencer a Manuel de que no tenía nada que ver con su hundimiento, de que probablemente se había parado justo encima de una cueva de Tucu Tucu semi tapada, de las que abundaban por esos montes y que con frecuencia se derrumbaban por la poca consistencia del terreno arenoso. Según él la franja costera de Canelones se había llenado de unos Tucu Tucu gigantes que cavan galerías suficientemente amplias como para dar cabida a un cuerpo de hombre corpulento, cuanto más a uno como el de Manuel!
-¿Pero qué clase de Tucu tucus es esa?
-Y… son los descendientes de unos Tucu tucus radioactivos que tenían hace años en la Facultad de Ciencias, para experimentos, y que cuando se metieron los milicos, se les escaparon de las jaulas y les ganaron las calles. Especialmente se hicieron fuertes en los baldíos de la ciudad vieja, en un primer momento.
-¿Y por qué crecieron?
-Son mutantes… ¿no entendés? Son como nosotros que somos una mutación.
-¿Y van a seguir creciendo?
-Ah, no sé. ¿Qué me preguntás a mí?
-Me haz estado enseñando todo el tiempo. Más que un primitivo parecés un profesor…
-Bueno… Eso de primitivo fue por decirlo de manera que me entendieras pero, para decirte otra verdad a medias, más verdadera que esa, te tendría que decir que soy la memoria de la especie.
-¿Cómo vas a ser una memoria? ¿Un recuerdo?
-La humana es una especie. Las especies son como los individuos que tienen una batería de reacciones instintivas que le sirven para sobrevivir y reproducirse. Bueno… aparte de instintos, la especie, como los individuos, tienen memoria de todas las peripecias por la que ha pasado. Esa memoria aparece en algunos individuos esparcidos al azar en el espacio y el tiempo. Se los reconoce por poseer una particular sabiduría para asuntos concernientes a muy pocos temas, así cómo una extrema torpeza para todo lo demás. Pero eso no importa. Yo soy uno de ellos. Guardo en mi cabeza buena parte de la historia humana. Errores y aciertos, es decir sabiduría.
-Pero si sos un hombre primitivo ¿cómo podés saber lo que ha pasado no hace mucho tiempo?
-Ya te dije que no soy un hombre primitivo. Me visto así por gusto y vengo a esta cueva por un ceremonial al que estoy condenado de por vida por tener el honor de ser un Mem. El ceremonial me permite mantener viva la memoria y consiste en ponerla en movimiento. Porque todo lo que se detiene, muere.
-¿Entonces no vivís aquí? ¿Vivís arriba?
-Vengo una vez por semana.
-¿Y por dónde entrás?
-Por la puerta.
-¡Nunca sentí decir que hubiera una cueva en El Bosque!
-Por supuesto. Nadie sabe dónde está!


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lunes, septiembre 25, 2006

77 - La Cadena del Eterno

-¡Qué grosero! Yo lo decía en buena onda…
-¿Qué mierda hacés en la oscuridad? ¡Pelotudo!
-¿Le decís pelotudo a Lucifer? Muchachito, muchachito, si no fueras tan bonito…!
-No te acerques. Voy muy apurado, nos vemos…
-¡Ah no! De mi tienda nadie se va sin comprar algo.
-Soltame las piernas.
-Yo no te retengo, ja! Sos vos quién no se quiere ir.
En ese momento todo un sector del monte se iluminó con luz que venía del cielo junto con músicas empalagosas y fuertes olores a incienso. Flotando sobre el monte iluminado estaba una inmensa bola coronada por un enorme triángulo iridiscente en cuyo interior un monstruoso ojo, vivo, se movía de un lado a otro mirando todo sin pestañar.
Bajó por la escalera de mármol luminoso una tropa de fotógrafos celestiales que corría a fotografiar en primicia el momento en que San Manuel de Lagomar era rescatado de las garras del demonio por San Jorge y sus huestes, gracias a sus secretos y oportunos ruegos al verse en repentina tentación. Fue recién después de eso que surgió la voz de entre las ruedas que giraban entre las ruedas.
-Manuel, cordero de mi pastoreo; seas recibido nuevamente en nuestro rebaño. –a prueba naturalmente.
A Manuel se le cayeron algunas lágrimas pero no atinó a dar ningún paso para acercarse o subir por la escalera de luz que le habían tendido desde la bola. En cambio observó, en divertida venganza, que Lucifer rajaba con la cola entre las patas para el lado de la oscuridad… que posiblemente fuera lo mejor que él pudiera hacer para salvar el pellejo, o al menos su derecho a vivir en libertad. Claro que él estaba en el foco de los reflectores y las cámaras de la Omnicadena del Eterno que en ese momento de atontada expresión de su cara aprovechaba para pasar el replay tridimensional de la caída de su primera lágrima. Lo veía en el monitor “tridi” que le estaba sosteniendo enfrente un ángel cuyas patas, necesariamente descalzas y quietas para no mover el monitor, hallábanse totalmente cagadas por las palomas, que en bandadas inmensas y en tonalidades de celeste, rosado y amarillo suave, caminaban y revoloteaban todo el tiempo, dejando aquello tan cubierto de mierda, que era una verdadera bosta! Pero… el cielo parecía ser así. Un lugar donde todos tienen alas y cagan en el piso.
Cuando Manuel vio lo del replay, aprovechó, entonces sí para mirar en su entorno en busca de algún escondite o cortada que le permitiera una posible huída… que no halló pero, lo que vio fue que debajo suyo todo seguí siendo arena cubierta de pinochas y que recién desde un metro, a su alrededor, era que empezaba todo ese circo romano de columnas marmóreas y gentes vestidas con trapos recién planchados, porristas en minifalda y todos esos reflectores que iluminaban un set lleno con multitudes de extras…
Entonces… bajo sus pies se abrió un boquete que lo tragó con arena y todo! Primero en forma vertical y después de un giro, que le llenó la cara de tierra, en forma horizontal y menos acelerada, entre raicillas y tierra húmeda, hasta un ensanchamiento que era una verdadera caverna. Una caverna enorme, iluminada apenas por una penumbra rosa, desde cuyo fondo vio venir hacia él a un hombre cubierto de pieles y músculos.
-No les des bola. Son todos la misma mierda!
-¿A mi me estás hablando? ¿De quién…?
-De los que se dicen dioses o demonios… Son todos la misma mierda.
-¿Y por qué me decís eso?
-Porque soy el hombre primitivo. Soy el abuelo del abuelo del abuelo…Si se quiere, podría ser tu propio abuelo.
-¡No, gracias; ya tengo!

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domingo, septiembre 24, 2006

76 - Lagartijas en la Arena

Supo que se había acabado la comunicación cuando dejó de sentir ese zumbido en las sienes y las cosquillas que le corrían por la cara. Tenía que volver a rescatar la flaca del ataque de nervios que le dio cuando le vio en el suelo –Pobre él, que merecía tanta atención, por lo menos, como la que necesitaba..
Encontró la calle adecuada al otro lado del bosque y entró a caminar por ella a largos pasos y silbando una canción romántica y criolla que había escuchado en alguna vez. No iba preocupado, pero algo de pronto le llamó la atención. Un sutil movimiento en lo que veía hacia delante. En esa calle blanquecina, que al alejarse iba trepando por la altura bordeada por la oscura masa del monte… Un temblor, no de alguna cosa, sino del paisaje mismo. Como lo que se ve en una imagen reflejada en el agua cuando una onda va y viene atravesándola… ¡Atención!
Y la sospecha se vino enseguida a confirmar gracias a su olfato, que reconoció, sin duda, un fuerte olor a bola. ¡Estaba entrando en una bola camuflada que se había vuelto transparente o copiaba los colores del fondo, como hacen algunos pescados para que no los vean! Saltó hacia atrás y se puso a correr en dirección a los pinos.
Enseguida se sintió un sonido agudo y retemblante que barría como ráfaga horizontal la calle según su largo y después, también hacia los lados, hasta los pinos y aun penetrando entre los troncos. Manuel, que ya llegaba a los primeros árboles, adivinó algo así y por eso se tiró al suelo, no para esconderse, sino para gatear y reptar a toda velocidad entre los troncos hasta sentirse algo seguro de poder volver a correr otro trecho, para recién después descansar en una hondonada oscura donde sólo se siguieron sintiendo sus resuellos acompasados.
Al cabo de recuperar la respiración y cuando ya encaraba el tema de qué hacer en delante, fue que empezó a ver luces que barrían las copas de los pinos desde el aire. Querían penetrarlas para llegar a él y darle caza! Pensó “ya vienen”. Porque la siguiente etapa era que lo buscaran debajo de las copas con algún sistema o robot que corriera como las lagartijas en la arena y que mordiera inyectando algún somnífero poderoso de esos que usan para cazar tigres… Así que algo había que hacer para irse de allí sin que lo vieran ni lo detectaran… Se acordó de una cabañita abandonada un poco después del hilo de agua, que desde ella partía un sendero que iba al molino viejo y tras él se abría el camino que tras mil vueltas terminaba detrás, justamente, de la casa de la Magda. Era todo un recorrido al abrigo de los montes… Partió rumbo a todo eso retemplando el valor pero a los tumbos, no viendo nada, sin comprender cómo había llegado hasta allí sin chocar los árboles ni tropezar con tantas raíces y ramas caídas. Aunque con el susto se le había avivado el instinto y la destreza y la cabaña enseguida apareció como una mancha negra dentro del cuadro continuo de matices oscuros casi vistos. Tanteando las paredes hechas de palos de los mismos pinos, ahora podridos y fofos, fue rodeándola en busca del espacio vacío que debía haber al otro lado, hasta que su mano exploradora tocó en las oscuridad algo que parecía vivo y caliente. Saltó a un lado de forma automática al tiempo que oía otra vez aquella voz del diablo, pero ahora con un timbre bastante más femenino.
-¿Querés que prenda la luz, Manuel…?
-¡La puta madre que te parió!

(debe leerse siguiendo el orden numérico de las entregas)

viernes, septiembre 22, 2006

75 - Todo se Paga

-¿Y ahora te estarán escuchando?
-Espero que no. No, seguro que no me escuchan porque todo funciona bien. Pero te explico, tenemos que meterle a los guijarros. No es lo ideal porque el diablo tiene ingerencia en ellos. De todas maneras este especie de teléfono va a dejar de funcionar, me lo van a cortar en cualquier momento, ya de forma definitiva. Sólo nos van a quedar los guijarros para comunicarnos aunque eso me obligue a seguir transando con el diablo… Ya veremos después.
-El diablo me aconsejó lo mismo.
-Ah, se te apareció!! Sí, es lógico, ellos tratan siempre de llevarnos a su zona de influencia. El teléfono está controlado –mal controlado como podrás ver- por un consorcio donde el mango de la sartén lo tiene Dios.
-¿Vos inventaste eso de los guijarros?
-Sólo a medias… Un Día apareció por mi pueblo un ser extraño que… ¡Pero no te voy a contar esa historia ahora! El hecho es que fabriqué los primeros dos juegos, que eran muy simples, tenían cinco piedras cada uno, que usábamos con un amigo más bien como un juguete, un entretenimiento…
-Con Bosco?
-Claro, vos lo conociste allá en Guichón. Bueno, después que me fui nos estuvimos comunicando con bastante frecuencia. Yo le mandaba pequeños mensajes en los que le contaba de mis progresos, de mis inventos… Cosa que a él, en ese tiempo le apasionaba. El progreso era cada vez más rápido y pronto logré agregarle veinte piedras al juego con lo que lo transformaba en un sistema de comunicación en cuatro dimensiones. Eso se lo trasmití como pude con el viejo juego de cinco y el tardó años en terminar de entender mis instrucciones para que él también se hiciera las veinte piedras restantes que yo todavía no le podía mandar…
-¿Y el diablo descubrió el secreto?
-No, la cosa es más complicada. Vos no tendrías por qué saberlo, pero como te dije al principio, todo se paga…. Por lo menos bajo la égida de Dios… El Diablo dice que si el rigiera sería distinto pero yo no le creo, como tampoco les creo a los otros, los dioses sueltos que son unos delirantes. Pero en definitiva me vi enredado en mis propios errores por comprometerme a determinados servicios que no pude realizar, siendo la independencia de la línea la garantía de la operación.
-¿Y se quedaron con ella?
-No, en propiedad no. Entre los diablos no existe la propiedad. Existe algo diferente, yo le llamaría el padrinazgo. En este caso yo sigo usando la línea casi a mi gusto, aunque me prohíban algunas cosas, me controlen cuando quieren todos los contenidos y me incluyan pequeños mensajes de neto contenido ideológico…
-¡Abuelo, dejate de hablarme en difícil!¡ No entiendo un carajo!
-Sabés qué? Te presionan y te presionan hasta que vos te acomodás con alguno. ¡Es la mafia!
-¡Mirá vó..! Ahora te entiendo…

(debe leerse siguiendo el orden numérico de las entregas)

jueves, septiembre 21, 2006

74 - El Diablo Ríe, el Abuelo Transa

Manuel lo tomó con paciencia. ¡Tantas cosas le estaban pasando! Y ahora el diablo.
-¿Qué pasa?
-Tengo que decirte un par de cosas. Primero, que tu abuelo está con nosotros…
-¿Nosotros…?
-Sí, nosotros. El Diablo, Belcebú el Demonio, por decirte algunos de los nombres más conocidos.
-¿Me decís que mi abuelo se fue al infierno?
El diablo hizo resonar su carcajada -una carcajada diabólica, se entiende- por las oscuras oquedades del bosque, asustando a los cuises, a los aperiases, a los tucu tucus y otras tantas criaturas de Dios que lograron poblar nuestros montes artificiales, monótonos como cementerios militares norteamericanos.
-Oye niño, oye. Ja ja! Oye…
-¡Me decís que ahora está con ustedes…!
-¡No me hables del infierno y todas esas tonterías! Niño. ¿Todavía te chupás el dedo?¿ No te avivaste de que ese viejo loco al que ustedes llaman Dios los ha estado engañando todo el tiempo?
-Yo no creo en Dios.
-¿Y en el diablo?
-Tampoco.
-¡Eh, de qué te las das…? Aunque… está bien que vos creas en lo que quieras creer mientras no sea en el tarado…
-¿Tarado?
-El Dios ese de ustedes, que exige que le chupen las patas por toda la eternidad a cambio apenas de un seguro aburrimiento.
-Yo qué se de dioses, tendrías que discutir eso con otra persona.
-Para, te estaba diciendo que…en segundo lugar estamos teniendo algunos problemas de comunicaciones, ya te habrás enterado por tu abuelo…
En ese momento se sintieron en la oscuridad algunos compases de Piazzola metidos en un montaje de música electrónica.
-Sí, algo me dijo…
-Bueno, resulta que él te legó un equipo de comunicaciones muy sofisticado, QUE ES IMPERIOSO QUE APRENDAS A USAR!!
Dicho eso el diablo desapareció de la vista en un último resplandor violeta y la oscuridad volvió al bosque y al corazón de Manuel que latía como un tambor que se fuera refrenando para llegar al fin a detenerse. Estaba metido en un embrollo, ahora lo comprendía! Habían bandos, distintas intenciones que sobrevolaban por encima de su cabecita que como el más frágil de los huevos huecos amenazaba con hacer cric y partirse sin preocupar a nadie. ¡Lástima no poder hablar con el abuelo. En él sí confiaba pero, ahora le había salido con que no le podría llamar más porque era muy caso, o algo así. Aunque, ¡allá no debería haber dinero!
-No lo hay, no. Pero todo se paga,…Igual todo se paga…
-¡Hola! Entonces ahora sí estás muerto?
-No, sigo vivo, pero te explico. Yo estoy en San José de Carrasco, encerrado en mi casa, la que vos conociste, con un montón de aparatos, casi todos de mi invención, con los que he conseguido vencer la barrera del tiempo para las comunicaciones. Pero al hacerlo me vi forzado a reconocer que me enfrentaba a un poder desconocido que vuelta a vuelta destrozaba mis queridos aparatos… Así que tuve que transar, poner todo bajo la supervisión de ellos y restringir mis comunicaciones en cuanto a temas, lugares y épocas…
-¿Quiénes son ellos…?
-Dios, el Diablo… y un montón de agrupaciones menores.

(debe leerse siguiendo el orden numérico de las entregas)

73 - El Grito y el Resplandor.

Mientras decía eso iba cambiando su expresión como si se sorprendiera de algo que estuviera viendo. Su cara se ponía pálida, agrandó los ojos y… grito! Un grito agudo, estentóreo, horripilante! No pudo soportar ver que Manuel desaparecía de su vista en forma intermitente. Algo así como: ahora Manuel, ahora nada, ahora Manuel, ahora… La imagen de Manuel todavía sonriente y tirado en el suelo, desaparecía por momentos dejando ver en el espacio que debería ocupar, un más allá de baldosas desparejas cubiertas de fetas de mortadela pegoteadas de dulce de membrillo y mugre. Para reaparecer enseguida en el más acá, pretendiendo una continuidad imposible de creer.
-¿Qué te pasa, flaca? No me he hecho nada, fue sólo un porrazo!
Pero Magda ya no le oía. Había ganado la puerta, saltado el charco y ya corría desesperada bajo las estrellas que ahora titilaban inocentes en el cielo, como si nada pasara, como si Lagomar fuera un lugar cualquiera donde las cosas son lo que siempre fueron y las personas no desaparecieran ante nuestros ojos llevadas por las fuerzas de la oscuridad.
Después del grito, la pregunta de Manuel y la estampida de la flaca, nada más se dijo. Quedó el muchacho, aun de piernas abiertas, con la cabeza girada hacia la puerta que mostraba la boca negra de la noche fría en cuyas oquedades aun parecía retumbar el grito que seguramente había sido escuchado por muchos oídos que se habrían llenado de pánico.
Después de levantado, Manuel salió tras ella –ya no se le veía- por esas calles de balastro húmedo, cubiertas de tajadas de cielo entre las bandas oscuras del monte. Se cruzó enseguida con las hermanas Bronté apretadas hombro contra hombro y con las manos abiertas protegiendo sus pechos –que no tetas- como si algo terrible hubieran presenciado, con el perro gordo del flaco Gonzalez, que no acostumbraba ladrar ni a las motos que pasaban rápido y, con el viejo López, demasiado en pedo como para preguntarle si había visto a alguien correr y con… la Yiya. Con la Yiya en realidad no se terminó de cruzar, porque antes de hacerlo, ella le conoció y se le puso adelante en un rápido y habilidoso movimiento.
-¡Manuel!
-¿Qué hacés, Yiya?
-¿Vos corriendo…?
-Sí, estoy apurado.
-Y a los amigos de antes…¡nunca estás apurado para vernos?
Manuel retomó enseguida la carrera pero poco más allá comprendió que estaba perdiendo el tiempo. La dirección que había tomado, por la puta costumbre de ir hacia Gianastasio era casi la contraria a la que debería haber tomado si la flaca, como era de suponer, había rajado para su casa. Se metió entonces en los pinares por un sector poco poblado que él conocía tanto como las líneas de sus manos –que nunca se había puesto a mirar- No era posible que se perdiera, por oscuro que fuera el monte. En realidad tamaña idea ni cabía en su magín porque cada cosa, cada árbol a él le hablaba como a un vecino y le decían por dónde ir. Aquél pino quebrado, por ejemplo, que recordaba de aquella vez que volvía de un baile y que…pero no, más bien era aquel otro que vislumbraba por la parte más oscura y que…no…
Fue un resplandor impresionante y rojo que pareció atomizar hasta los pinos y las onduladas curvas de la arena, prendidas fuego en una décima de segundo que no dejó otro resto que un ser espantoso luminiscente como una braza, de pupilas de gato y labios amoratados, que de frente le estaba mirando.
-No andemos con rodeos, soy el Diablo.- Dijo.

(debe leerse siguiendo el orden numérico de las entregas)

miércoles, septiembre 20, 2006

72 - SUPER FLASH CHAMPION

Así que tuvieron que correr porque les dio frío. Corrieron a las risas entre chapuzones que a propósito producían en los charcos que pisaban. Corrieron por dentro de los pinos donde la arena aun no se había mojado mucho. Se cansaron y se sentaron entre los médanos ondulados, apenas cubiertos de pinochas que le daban ese aspecto de cara mal afeitada. Se callaron a escuchar el silencioso ruido de la lluvia mansa que caía allá en las orillas del monte, por la calle desierta y también por las ramas y los troncos resbalando hasta ellos y cayendo como gruesos gotones desacompasados sobre sus cabezas o sobre el piso, donde rápidamente eran absorbidos por la arena. Se volvieron a besar. Se empezaron a tocar. Naturaleza viva despertada en ellos. Encima de lo ya mojado se humedecieron, mientras por Gianastasio continuaba el trancito, rumoroso y obsesivo. Se terminaron de ensuciar, arena y pinochas sobre barro. Y se rieron con ganas esos momentos en que la boca quedaba libre de los otros labios…

Los vecinos les vieron pasar, poco después, tiritando y disfrazados de milanesas, cuando doblaban en la última esquina llegando ya a la casa a donde entraron corriendo derecho a quitarse la ropa, lavarse un poco, secarse y cubrirse con frazadas ya encima de la cama donde formaron una carpa cubriendo los dos cuerpos desnudos y enfrentados, con las piernas entrelazadas y las cabezas juntas y las lenguas y las yemas de los dedos recorriendo valles y hondonadas, selvas y montañas…

No serían más, mucho más de las seis de la tarde, casi noche, cuando las ventanas de los vecinos comenzaban a prender sus luces y las chimeneas a lanzar sus humos de leños crepitando en el fuego gracias a la resina ardiente que ya perfumaba el aire de la calle.
A las ocho y media la única ventana apagada era la de Manuel.

(-¿Se habrían ido?)

Pero a las diez menos cuarto se hizo la luz en la conciencia de Manuel, cuando recordó alarmado que el almacén iba a cerrar y que si no corría se iban a quedar sin comer nada.
Se lo vio aparecer desde afuera, como Súper Flash Champion, el superhéroe de Lagomar y toda la Ciudad de la Costa, porque al abrirse la puerta vino por el aire con los championes por delante, tratando de saltar el charco que se había formado frente a la puerta.
Pan y mortadela, un cacho de queso y otro de dulce, por no haberlo pensado antes…y un troli de vino, al menos, pero no más. Menos mal andar con plata en el bolsillo, gracias a… ¡Gracias a que la señora de las tetas había puesto sus ojos en “un servidor”.
Y ahora la flaca! Por qué sería que las mujeres se ponían tan locas…? Porque la flaca… ¡La guacha estaba loquísima… y él. Todo estaba bien. ¡Estaba de más!

Al llegar de vuelta Manuel tomó carrera para cruzar por el aire el charco sin calcular que con tamaño impuso y una vez en el aire no iba a poder bajar enseguida sobre el porchecito antes de chocar la puerta y meterse con tutti por la casa, destripando del todo la cerradura y las bisagras y arrastrando por el piso la mortadela y especialmente el dulce de membrillo que sin duda se llenó de pelusa y se empastó pegajoso a lo largo de las baldosas…
Apareció la flaca desde el cuarto, riéndose por anticipado de lo que hubiera producido aquel escándalo de ruidos y puteadas, que Manuel le contaría, con descripción de intenciones y de consecuencias, fractura de riñón o cualquier otro daño igualmente cómico.

-No jodas, Manuel, ¡vos lo hacés de gusto!

martes, septiembre 19, 2006

71 - Me mandó unas pastillas.

-Hasta dentro de dos semanas -respondió Manuel mientras salía sonriente del consultorio del licenciado Giorgionne a reencontrarse con la flaca y el Rulo y pedirles disculpas por la tardanza.
-Che, se hubieran ido, ¡todas estas horas esperando!
-¿Qué horas, si no estuviste adentro más que un rato!
-... claro!
-¿Y qué te dijo?
-Lo que yo les había dicho. Está todo bien.
-¿Pero y lo del auto dentro de casa?
-Me dijo que eso se llama Amnesia Alotópica, en griego. En español es lo mismo que ya les había dicho. Que hay dos memorias que se mezclan mal, quedan desordenadas y entonces una se te viene encima de golpe y quedás confundido.
-Pero, ¿y si te vuelve a pasar?
-Me mandó unas pastillas.
-¡Ah, bueno!
Enseguida la charla se interrumpió por un chaparrón intempestivo, de esos que te mojan en serio. Corrieron hacia el refugio de la parada de ómnibus confundiendo a un conductor del transporte colectivo que venía llegando con su unidad. Se confundió al verlos correr y detuvo el coche. Se puso a esperar unos metros pasada la parada. Ellos ni se percataron y el conductor al ver por el espejo que se sentaban en el refugio creyó que lo hacían por no caminar diez metros y estalló en puteadas. Puteadas que ellos no oyeron por el ruido del tránsito y por haberse puesto a conversar otra vez.
-Che Manuel… Ya que estás bien, mañana podríamos ir a la barraca con el pedido de materiales.
-Ah sí, cuando me levante me voy para tu casa.
Rulo adivinó que lo que la flaca decía al oído de Manuel era que debería haber dicho “levantemos”.
-Ya está parando, podemos cruzar.
Cruzaron Gianastasio medio corriendo porque todavía garuaba con amenazas de irse a mayor. Del otro lado se separaron del Rulo con saludos para Julieta y ellos se largaron a caminar abrazados, porque abrazados querían estar aunque aumentara la lluvia sobre sus cuerpos y resbalaran sobre el balastro sus patas sin que pudieran mantener el equilibrio y dieran con el cuerpo en el fango justo cuando la lluvia arreciaba sonando sobre los cráneos de cabellera chorreante porque el mundo se hacía de agua dejando muy poco aire para respirar por el beso profundo, linguado, paladeado y lamido, con deseos de tragarse al otro, ese que les servía de alimento…Pero un auto pasó muy junto a ellos que se sentaron bajo el chaparrón, algo atemorizados y miraron, cuando el vehículo terminó de pasar, al otro lado de la calle, el boliche de Luque, en cuya puerta parada, una señora les estaba mirando y se hacía en la sien ese tirabuzón con el índice que quiere decir que estás loco. ¿Locos, apenas por darse un beso linguado bajo la lluvia torrencial y revolcarse por el medio de la calle?
Manuel registró aquella escena de la mujer a la distancia haciendo el estás loco para ellos sentados en el fango, embarrados y enamorados… y pensó. No , no es que haya pensado, en realidad sintió, que sin dudas aquella señora debía de ser bastante estúpida.

lunes, septiembre 18, 2006

70 - Un Viento Arremolinado

-Hola Manuel.
-¡Abuelo, estás ahí otra vez?
-Quería decirte que no voy a poder seguir comunicándome con vos por este medio. Vamos a tener que manejarnos con los guijarros ya que el pelotudo de Bosco se empeñó en dártelos!
-Pero no cortes! Pará. Me tenés que explicar por qué me llevás para todos lados como bola sin manija?
-Yo no te llevo ni te traigo. Apenas puedo hacer alguna pequeña trampa, como estas llamadas de teléfono que no sabés lo que me cuestan!
-¿Y entonces…por qué las bolas me llevan?
-Eso estoy tratando de averiguar. Es un asunto muy misterioso!
-Bosco no me quiere enseñar a manejar los guijarros, está aquí a mi lado. Vos no podrías hacer algo para convencerlo?
-No, dejalo. Esta pasando por un período de pánico. Además tenés que entenderte vos, directamente con los objetos porque ellos te van a hablar de una manera que sólo vos vas a poder entender…Como lo de tu porrazo en el corredor de casa, te acordás?
-Entiendo.
-Bueno, lo que te quería decir era eso, que le des a los objetos. Si no vamos a quedar incomunicados. Chau.
-Chau.
Cuando abrió los ojos, puesto que los había mantenido cerrados, vio que Bosco había cruzado de vuelta la avenida y estaba otra vez en la vereda del hotel conversando con Elena y un par de gurisotes. Sintió una repentina tristeza. Estaba solo, a cuarenta años de sus conocidos y de su mundo, sin poder hablar con nadie de lo que le ocurría… a no ser que…
Cruzó decidido la avenida y quiso sumarse a la charla de los cuatro pero, sólo pudo hacerlo con tres ya que Bosco al verlo retornar se fugó para su casa bajo la mirada atenta de Elena que tal vez para disimular el percance se puso a preguntarle cosas.
-¿Andás de paso por acá o te haz venido a quedar?
-No se –contestó Manuel, sin saber cómo seguir.
-Y a vos, ¿qué te importa?- le preguntó a Elena, en tono de crítica, uno de los muchachitos.
-No está todo bien.¿por qué no me va a poder preguntar…¿Ustedes son nativos del pueblo?
-No somos argentinos. Pero hace muchos años que nos vinimos…
-¿De Buenos Aires?
-No, de Entre Ríos?
-Ah, Entre Ríos. Hace poco anduve por allí en medio del lío de las pape…
Esta vez lo que se lo llevó fue un viento arremolinado lleno de hojas secas de paraísos, fresnos y plátanos, junto con papelitos de caramelos de café y leche y algunas hormigas negras a lo que se agregaban diarios viejos, bolsas de nylon, cascaritas de girasol, medias usadas, tapitas de cerveza Norteña, cigarros apagados y algunos cuantos artículos más que en su conjunto llegaron a formar una masa compacta e impenetrable, al menos para la luz y el sonido; de modo que Manuel ni se enteró a partir de ese momento de lo que pudiera ocurrir a su alrededor ni en ninguna otra parte.

miércoles, septiembre 13, 2006

69 - No me cuentes el futuro.

Decidió seguirlo. ¿Qué iba a hacer encerrado en esa casa? Se asomó en la puerta y vio que ya iba cerca de la esquina. Ni bien doblara iba a salir tras él, no quería ser visto… Dobló!
Era la calle principal, 18 de Julio por supuesto, como después confirmó al leer el cartelito mientras se escondía detrás de un tronco de árbol para dejar que Bosco avanzara hasta una prudente distancia. Disimulaba ante los transeúntes como si estuviera haciendo algo serio detrás del árbol ahora, de una vieja cachila enseguida u otra cosa cualquiera que le sirviera de reparo. En la esquina de la plaza Bosco dobló una cuadra a la izquierda y volvió a doblar a la derecha por la avenida de las palmeras en los canteros, que resultó ser Artigas y tenía bastante crecido el pasto –observó Manuel mientras se aguantaba entonces tras un plátano gordo de la vereda, planeando cruzar para seguir la persecución del otro lado, alejado de toda sospecha.
Bosco parecía distraído en su tranco pachorriento, caminando a trechos por la vereda y a trechos por la calle. Incluso cruzándose más tarde hacia el cantero y caminando por él una distancia de tres palmeras, bajar al bituminoso a seguir en diagonal hasta colocarse en la misma vereda que Manuel unos veinte metros adelante. Saludar a alguien frente a una ferretería que había en la esquina, dónde comenzaba un cuesta abajo y seguir por delante de un hotel, Argentino, según el letrero, en cuya vereda descansaba un grueso paraíso semi deshojado y seguir por la vereda de la siguiente casa, larga y descolorida, en cuya puerta entró luego de subir el escalón.
Manuel, que venía recién llegando al hotel, se encontró con una muchacha que salía de allí a la que se le ocurrió preguntar si conocía dónde vivía un tal Bosco que le habían dicho que…
-Ah, sí –contestó ella medio sorprendida- Vive aquí al lado… Pero vos no haz de ser de Guichón, no…? Aquí todos nos conocemos…
-Soy de Lagomar…Así que lo conocés…
-¡Claro! Si es mi vecino. Golpeá en aquella puerta alta que capaz que lo encontrás
-Y vos, ¿cómo te llamás?
-Elena.
Estaban hablando cuando por el zaguán indicado reapareció Bosco y se largó a caminar en dirección a ellos. No le gustó ver a Manuel y trató de ignorarlo cuando por fin se dirigió a la muchacha.
-Che Elena. ¿No han tenido noticias de Carlos?
-Hasta ahora no, pero vas a ver que viene. Siempre viene para su cumpleaños.
-Le habrán dado la baja, no?
-Se supone que sí… Pero mirá, este muchacho te andaba buscando.
Bosco miró a Manuel con expresión de “a vos te mato” y tomándolo de un brazo lo separó para hablar aparte. Primero se detuvieron junto al cordón de esa tan ancha vereda pero cuando ya la conversación se iba poniendo más animada, cruzaron las calles de la avenida y fueron al otro lado, alto y desparejo, pasto a sentarse junto a una entrada cubierta de vegetación por todos lados que parecía una gruta verde.
Para Bosco la cuestión era poder convencer a Manuel de que se dejara de preguntas y de persecuciones.
-Loco, yo no quiero saber más nada con este asunto! Estoy demasiado loco así nomas como para seguir metiéndome con el tiempo y esas cosas! Te pasé las piedras de Abelardo porque era un juramento que había hecho, pero ahora me salgo de todo, antes de que me lleven al manicomio…
-Claro. Vos y mi abuelo me meten en esto y ahora me abandonan veinte años antes de haber nacido.
-Ya te vendrán a buscar… Y si no vienen… Supongo que podrás volver por tus propios medios…
-Volver al 2006 ? Por mis medios me llevaría… 39 años!
-Es cierto. Pero yo no te metí en esto… ¡Y no quiero que me cuentes nada! ¡YA NO QUIERO CONOCER EL FUTURO!!

martes, septiembre 12, 2006

68 - ¿Sabés algo de matemáticas, vos?

-¿Te dieron número de asiento?- preguntó enseguida Manuel al licenciado que se lo quedó mirando sin entender en qué sentido se lo decía. –Porque a mí no me han dado nunca y la otra vez me cagaron por no tenerlo… Aunque no estuvo mal.
El licenciado comprendió enseguida que era inútil contestarle, no le iba a oír desde el otro lado de esa rafia gelatinosa, parecida a la plastillera que había, instantáneamente formado un huevo alrededor de Manuel y ya se lo estaba llevando por sobre el cielo de la nave. Tuvo miedo el licenciado al quedarse solo ante aquello.
(loco de mí, dejarme dominar por las fantasías inconscientes!)
En cambio Manuel iba tranquilo a pesar del escaso espacio que tenía en el huevo, canturreando D’ont Warry Be Happy y fijándose en los bordes de sus championes para ver cuánto de desgastados estaban y dejando mientras tanto que el huevo siguiera hacia su destino que era meterse con el suyo propio…
Pero ahora Bosco recuperaba sus colores al tiempo que se terminaba de sentar en el sillón y Manuel percatándose del cambio de escenario sonrió preparándo el inicio de la conversación interrumpida.
-Ya volví… No sé si te diste cuenta que me habían llevado…
-Ah, ¿y para qué volviste?
-Porque te olvidaste de enseñarme a leer los mensajes…¡y a escribirlos!
-eso lo vas a aprender solo. Yo no puedo, mañana me voy de este pueblo al que no voy a volver por muchos años y también mañana viene un gran amigo que vuelve de hacer el servicio militar en Argentina y tenemos que vernos para pasarnos las pistas para encontrarnos en el futuro…
-Dame por lo menos alguna idea.
-A ver…¿qué te puedo decir?... Bueno el número más importante es el cinco… ¿Sabés algo de matemáticas, vos?
-Ni mierda!
-Yo tampoco pero… El cinco es para los objetos lo mismo que el diez para nosotros…
-Lo máximo, Maradona.
-¿Qué?
-Nada, seguí…
-Vos contás hasta nueve y vas escribiendo los números… ¿Te los imaginás?
-Más o menos. ¿Del uno al nueve?
-Sí…Y cuando querés poner el número que sigue, tenés que escribir un número con dos cifras…
-Claro.
-…que es el diez y que se escribe con un uno y un cero…
-¿De qué pelotudeces estás hablando?
-Bueno. ¡Ta, dejalo! Olvidate de eso… me voy, loco!
-¡Pará! ¿Y yo qué hago?
-Por esta noche podés quedarte en esta casa. Yo mañana me voy y tengo que dejarla cerrada y llevar la llave.
-¿A quién le llevás la llave?
-Eso no te lo voy a decir, es otro juramento…Chau loco. Tratá de ver que vas a hacer si no te vienen a buscar…
Bosco se fue y Manuel quedó en la penumbra de la casa cerrada pensando en su extraña situación y… juntando bronca con ese tipo que después de haberlo traído para enseñarle el asunto de las piedras, ahora le dejaba en bolas, sin enseñarle nada y todavía con ese aire de sabelotodo que le había dicho:”¿sabés algo de matemática, vos? “ ¡Blanquito pelotudo!

lunes, septiembre 11, 2006

67 - El Número de sus Zapatos

Manuel calló y cayó y siguió cayendo y callando a lo largo de un conducto sinuoso como intestino delgado, resbaloso como un sapo, oscuro como una golondrina y muchas otras características que no vienen a cuento en esta historia, por un largo rato… Como si el mundo se hubiera quedado sin fondo justo debajo de sus pies. ¡Puta madre, que se había salido de este mundo sin haberle contestado a Giorgionne y esa mierda de manguera en la que no terminaba de caer y que ahora también le estaba apretando la cabeza y llenándosela de arena…De arena!? …Miró Manuel para arriba y vio que lo que le apretaba y ensuciaba el cráneo no era otra cosa que un par de suelas de zapatos marca Flexigom-Max número 43. Lo vio apenas pudo con la mano separarlas de su cabeza y apreciar por la dificultad y dureza que aquellos zapatos con seguridad contenían al propietario adentro…
No más que eso pudo ver mientras seguía gambeteando dentro del tubo, perseguido de cerca por los zapatos que no cejaban en su empeño de volverle a pisar la cabeza o tal vez cruzarlo para ganarle la carrera. Miró para abajo, en dirección a sus propios pies y aunque poco se veía, alcanzó al menos a vislumbrar alguna claridad que le esperanzó. Fue un presagio que se cumplió enseguida cuando de golpe se vio proyectado por el espacio aéreo de una sala enorme, llena allá debajo de un montón de asientos ocupados por personas que se alineaban como otras veces en otras naves, a lo largo de diagonales como si todo fuera un gran panal de abejas.
Manuel se cagó todo! Posiblemente iba a morir aplastado como un huevo puesto al vuelo por culpa de algún simple error de algún empleado de La Compañía que, no se había puesto a considerar que por muy liviano que él fuera, igual iba a ir acelerando mientras cayera sobre aquella multitud reunida sin duda para otra cosa… AAAAh…Chau!
Pero no. No se hizo mierda porque también actuó la otra fuerza, como siempre ocurre. Acción y reacción. Embalaje y frenado. Punta y coma. Entonces a medida que se acercaba a los asientos iba cayendo más despacio, tanto que cuando su culo sobrevolaba apenas los pasajeros, ya flexionado como para sentarse, la velocidad de caída se podía considerar prácticamente nula, si es que algo así puede existir. Y él, entonces podía tranquilamente elegir asiento…Se acordó entonces del famoso “número de asiento“. Me van a cagar otra vez!-se dijo. Y se lo dijo en el justo instante en que sin mediar consulta alguna, la fuerza oscura que sostenía su culo volando, decidió de pronto desentenderse de todo y dejarlo caer justo encima de un conocido… ¡El licenciado Giorgionne!
No valieron disculpas, el licenciado no estaba acostumbrado a aquella clase de bromas y ni siquiera le quiso creer que le hubieran largado como Manuel decía, ya que a él le habían tratado con la mayor de las correcciones.
-¿Tus zapatos son marca Flexi-Gom?
-¿Otro chiste…?
Manuel en vez de responder se tiró al piso junto al pié de Giorgionne que por estás apoyado sobre el otro había quedado con la suela hacia un costado.
-43. Me viniste pisando la cabeza todo el viaje!
-¿Cómo dice, Manuel?
-Y ahora me venís a tratar de usted? ¡Dejate de joder! Si los dos estamos en la misma…!
-Sí, tenés razón…

(envía tu comentario a tupiar@yahoo.com)

sábado, septiembre 09, 2006

66 - El Censor Cósmico

-¡Pero ir hasta 1967 y volver no es normal!
-No es normal. Pero si te ocurre tal vez estés loco, tal vez no.
-¿Quiere decir que a veces puede ser normal…y cierto?
-Quiero decir que puede ser cierto.
-¿Y en mi caso?
-No sé si te ocurrió… Lo que se es que no estás loco.
-¡Estuve hace 40 años en la casa en que vivió mi abuelo hasta los diez, con un compañero suyo que tenía entonces veinte igual que yo…!
-Dicen que no se puede viajar al pasado… Porque hubieras podido matar a tu abuelo y entonces no hubieras nacido para poder ir a matar a tu abuelo!
-¿Mire si voy a matar a mi abuelo!
-Existe la libertad…. El universo se defiende para no perecer…
-Pero mi abuelo no estaba ahí. Tal vez…
-¿Te parece…?
-Sí, porque es raro que me llevaran a conocer las instrucciones de mi abuelo, a un pueblo dónde él no vivía más. Le había encargado a un amigo que me las diera junto con las piedritas… ¿Sería por temor a que lo matara…?
-Más bien habría que pensar que tu viaje a donde estaba tu abuelo era imposible, que las leyes del universo no lo permiten, esa posibilidad está censurada por el CENSOR CÓSMICO para evitar el derrumbe de todo el sistema.
-Como cuando se atracan los fonones…?
-¿Qué?
-Nada. ..Pero además se me olvidaba contar que también me llamó por teléfono.
-Quién…?
-Mi abuelo Abelardo… Me habló por dentro de la cabeza…¡Vamos a empezar de nuevo! Ahora sí me va a decir que estoy loco.
-Contame eso, a ver…
-Dice que lo hace con un aparatito, una tecnología…
-¿Y qué te dice?
-Que no use los guijarros ni ningún aparato de comunicación.
-¿Y por qué?
-No se lo pregunté…
-Pero los guijarros no eran suyos? No te los había dejado para que vos…
-¡Claro! ¿Ves que no se entiende nada? Bosco me contó que primero le había hecho jurar que me los entregaría y que después de un tiempo se arrepintió e intentaba romper el juramento…
-¡Qué interesante…! Me gustaría conocer sus razones.
-A mi también.
-Bueno pero teniendo las piedritas se lo podrías preguntar ahora.
-No sé cómo se hace una pregunta con las piedras…Y no sabría leer la respuesta!
-Conozco un especialista en criptografía…
-Qué es eso?
-Los mensajes han de estar en clave.
-No. Se hacen para que el otro los entienda…
-Pero usando una clave como la del antiguo telégrafo, punto y raya es una "a".
-Puf, nunca me entendí con la ortografía!
-Bueno, pero se nos termina el tiempo. ¿Nos vemos en quince días?

jueves, septiembre 07, 2006

65 - Las Hachas Celtas

Comenzó por colocarse detrás del escritorio y soplar el polvo que no había,. Una vez frente al público –en este caso Giorgionne- levantó la mirada como una señal de comienzo y metió lentamente la mano izquierda en la bolsa para sacar el primer guijarro. Miró directamente al licenciado y fue bajado la mano sobre la mesa hasta dejar el guijarro, aparentemente en un lugar cualquiera, sin preocuparse de los bamboleos que quedaba haciendo. Introdujo de nuevo la izquierda a la bolsa y extrajo una segunda piedrita que acercó a la primera hasta que se entabló una lucha de atracciones y rechazos entre las dos, de forma visible a simple vista…
-¿Imanes?
-Sí, imanes… ¡Pero mire esto!
Acababa de soltar el guijarro en el lugar elegido y ambos se habían puesto de frente a hacer sus cambios y rotaciones en tiempos perfectamente sincronizados…!
-¡La pipeta!
Luego de algunos minutos de contemplar la danza, Manuel recogió las piedritas y las volvió a la bolsa.
-¿Qué le parece?
-¿…me prestás una para verla…?
-Tomá, fijate.
Giorgione levantó el guijarro entre los dedos de una mano, para observarlo de cerca, mientras con la otra se rascaba la cabeza, que era como buscarle a la superficie del objeto alguna división, alguna parte móvil, algún piojo…
-Pero…
Se quedaba pensando en la posibilidad de que la piedra fuera como esos muñequitos chinos que tienen en la base sobre la que se apoyan un imán giratorio y dentro otro que obedece a los campos…Pero debajo de la madera del escritorio no puede haber ¡ muchacho ! Ningún imán ni cosa que… y además tendrían que ser imanes muy poderosos porque aquella influencia entre ellas era a considerable distancia…a no ser que se transmitieran ondas de radio y… ¿Pero y la energía para el movimiento? Tal vez pilas de celulares…¡pero tan pequeñas…! Y, por otra parte…
-Se parecen a las hachas celtas.
-…
-Las hachas celtas hacen un movimiento parecido si uno les da el primer impulso, pero estas…
-No veo que se parezcan a hachas.
-A hachas celtas sí. Son esas que tienen el centro de gravedad desplazado y…
-Bueno, pero de mi qué me dice? Estaré loco o no…?
-No me acuerdo cómo era que se generaba una resultante final que hace reiniciar el movimiento en el sentido contrario del primero…
-Doctor…
-Habría que pensar que de alguna manera se produce algo similar a una función psíquica como la memoria dentro de la masa de la piedra y que una vez terminado el movimiento en un sentido, se libera el impulso contrario que se había acumulado. Porque mientras dura el movimiento en un sentido, ese impulso contrario sólo se acumula sin impedir ni frenar el movimiento actual… Entonces… ¡La piedra piensa o tiene memoria al menos y sentido del tiempo y de la oportunidad y especialmente algún tipo de voluntad…! Ergo, la piedra es un ser vivo! Me dirán que no se reproduce pero los virus tampoco son capaces de reproducirse sino indirectamente a través de esclavizar una célula…
-¡Doctor…!
-¿Qué pasa, Manuel? Me fui un poco de tema…?
-¿Y de mí, qué me dice?
-Ah, claro, de vos…
Lo quedó mirando con la cabeza ladeada para ver por encima de los lentes, mientras por distintos lugares de su cara se iban produciendo pequeños temblores de piel y un casi pestañeo en el ojo izquierdo que se agrandaba y agrandaba el iris brillante y acuoso que no parecía mirar más que a través de toda materia, un algo esencial habitante del mundo de las ideas…
De pronto su rostro cambió volviendo a este mundo e iluminándose de humanidad en una sonrisa que a partir de las arrugas de las comisuras de los ojos se extendió a la boca y todo lo que en una cara pueda sonreír.
-Vos no estás más loco que yo o que cualquiera… ¿Sabés qué es estar loco?
-No.
-Creer que nuestra fantasía es la única verdadera.

64 - Me Llamo Manuel Aquelarre

El licenciado Giorgionne le estaba esperando. La flaca y el Rulo quedaron en las sillas de la sala y Manuel entró a una pequeña piecita más ancha que larga en la que había un escritorio puesto a un costado y en el centro dos butacas muy incómodas, casi enfrentadas, que ocupaban casi todo el escenario disponible sobre un piso extrañamente lustrado.
-Sentate nomás, dijo Giorgionne mientras se sentaba él.
Largos dedos, ropa oscura y una cara de… no de médico no. Más bien de cantante de opera.
-Me han hablado de vos. Que te han estado pasando cosas…Pero sería bueno que me las contaras vos mismo.
-…
Manuel nada dijo, no por negarse sino, más bien por no saber qué era lo el tipo quería que le contara y aun si lo supiese no sabía por dónde empezar ni siquiera hasta qué punto estaba dispuesto a hacerlo…
-Te escucho.
Entonces a Manuel se le ocurrió que ¡claro! Que le iba a contar todo. Total, aunque el tipo dijera que estaba rematadamente loco, nadie se iba a enterar.
-Sí, lo primero raro que me pasó, fue que, hace unos días estaba en el baño y de repente se empezaron a formar burbujas en el piso que se agrandaron y yo me caí dentro de una que se cerró por todo por arriba y me llevó hasta un quilombo chino.
-¿Chino…?
-O algo así. Más bien alguna de esas islas de la zona, que en la guerra hubieron muchos combates. En el quilombo, ni bien entré junto con la bola se armó un tiroteo y parece que alguna bala reventó la bola y yo me quedé en calzoncillos parado en medio de las balas y las luces; porque el lugar parecía como un escenario….
-¿En calzoncillos…?
-Sí, porque me había ido desde la cama al baño en calzoncillos a cagar y, en eso estaba cuando empezaron las burbujas…
-Estabas en la cama…?
-Ya era bastante tarde pero tenía pereza de levantarme hasta que por las mismas ganas de cagar… no tuve más remedio que levantarme… No tenía nada que hacer… Hago jardines pero ese día… No siempre hay trabajo… ¿Y qué más…? Esteee… ¿Le sigo contando? De mí, por ejemplo. Supongo que le servirá saber quién soy… Me llamo Manuel Aquelarre y tengo veinte años… Claro que lo que usted quiere saber es si estoy loco o no. Yo también quisiera saberlo, porque no lo tengo muy claro. Mi primo está seguro de que estoy loco desde que salté por arriba de la mesa porque vi. un auto que me venía a chocar. Pero eso fue porque, en serio, una vez ese auto me había chocado en Buenos Aires, que ni me acordaba de haberlo visto y ahora sí. Lo vi rojo, todo rojo que se me venía encima por un costado allí en la casa de mi primo. No. En realidad en el momento que lo vi era como que otra vez estaba en Buenos Aires. Pero eso fue porque la memoria a veces se te viene de golpe, no fue por locura… Locura ha de ser viajar al pasado, no? Y ver a tu abuelo en la foto de tercer año de la escuela. Que te digan que tu abuelo se fue pero te dejó una bolsa con piedritas que te servirán para comunicarte con él y que vos pongas una piedrita sobre la mesa y la piedrita se ponga, sola, a bailar y pongas otra piedrita cerca y las dos piedritas bailen entre ellas y se hagan saludos y vos no sepas que mierda es todo ese juego…
-¿Eso te ha pasado…?
-Sí. Y no es mi imaginación porque tengo las piedritas aquí en el bolsillo!
-Me las mostrás?
Manuel adoptó un aire ceremonioso y se fue sin mediar palabras hasta el borde del escritorio a sacar la bolsa de gamuza de su bolsillo trasero y desde allí mirar al licenciado de forma bastante desafiante.
-Venga a ver!

martes, septiembre 05, 2006

63 - Las Escabrosas Barrancas del Termo

Quedaba en pié una duda. ¿Si todo no fuera más que producto de su desquicio mental? Junto con lo anterior, lo otro y lo otro… Ahora, si estaba loco ¿cómo era que pensaba que tal vez estaba loco? Porque los verdaderos locos piensan que los locos son los otros. Y él…Él dudaba.
Al ver la columna de vapor que salía de la caldera se levantó a llenar el termo. Era una cosa bonita hacerlo despacio para mirar cómo cae el chorro de agua bien formado haciendo ese giro a lo largo de la caída que… ¡Se quemó! Se quemó la mano que agarraba el termo cuando el chorro erró la abertura y se derramó por la barranca escabrosa de plástico por fuera y por dentro de vidriera. Como los de antes. Antes de comprar tres termos seguidos, de esos chinos de acero inoxidable y la puta madre que se destemplaron los tres!
Pero las piedritas sí existían. No bastaba con pensar que todo lo ocurrido en las bolas y en los lugares que lo habían llevado había sido locura porque terminaban sobrando las piedras La locura tendría que ser total. Las piedritas no deberían existir y él simplemente estar imaginándolas todo el tiempo! Para estar loco debería estar loco del todo. Todo el tiempo, incluido ese mismo instante en el cual ninguna locura ocurría … ¿La locura acaso no era un estado en el que todo lo que ocurre es locura? Entonces… Si esto fuera una locura…No! La locura no podía ser tan igual a la cordura…¡Deberían ser diferentes!
Fue a buscar la bolsita y la puso sobre la mesa, como la bolsa de las monedas de oro de algún cuento. Recordó que su abuelo le había dicho… ¿Cómo era...? Sí. Que no jodiera con aparatos… y esas piedras eran… para comunicarse. Una especie de aparato para comunicarse, en principio con el propio abuelo. Pero el abuelo ahora nada quería saber con esas cosas después de haberlo mandado al pasado a buscarlas y hacerle enseñar con otro… que no le había enseñado un carajo, le llamaba desde la cabeza para darle consejos… ¿No sería que el pirado era el abuelo, pobre viejo? Tantos años de seguir viviendo después de muerto le habrían podido joder el cerebro…Pero igual, loco y todo, se había logrado meter en su cabeza!
Sintió un ruidito que salía de la bolsa y Manuel maquinalmente la sacudió con lo que dos guijarros escaparon por la boca y se pusieron a bailar sobre la mesa. Baile, pausa de subibaja y baile. Volvió las dos piedras a la bolsa y colocó el tablero. Sacó ahora con la izquierda un guijarro, sintiendo una fuerte vibración eléctrica entre las yemas de los dedos. Lo fue llevando sobre el tablero y sintió los pulsos rápidos que le fueron llevando al lugar adecuado donde lo dejó. Sacó un segundo e hizo lo mismo y hasta un tercero que costó un poco, porque dos guijarros fueron rechazados por sus compañeros del tablero que cada vez que lo veían venir se corrían saliendo de sus lugares. Se formó por último un triangulo puntiagudo hacia atrás, en el centro del tablero y los tres guijarros quedaron bailando en sus lugares. Era una danza perfecta!
-MANUEL, ¿QUÉ HACÉS AHÍ JUGANDO? ¡Se te va a hacer tarde para ir a la policlínica!
Eran el Rulo y la Magda que venían a buscarle.

lunes, septiembre 04, 2006

62 - Abelardo Escipión Goiticoechea

Manuel escuchaba sin querer las conversaciones de los vecinos en la calle. En la niebla y el frió que se habían venido sobre Lagomar y el mundo. Y también sobre su cama en la que estaba enrollado con sus frazadas demasiado finas y gastadas para esas temperaturas polares. Quería seguir durmiendo pero el frío le corría el sueño a pesar de haberse acostado cuando ya aclaraba, probando los guijarros y sus bailes y la puta madre que se iba a tener que levantar nomás, para calentar el cuerpo moviéndose o tomando mate o… Se levantó a los saltitos y estando en pelotas sintió que por la pieza corría un chiflete helado cuyo origen enseguida sospechó. Asomó la cabeza en la salita de entrada y la vio, ¡seguro! Había dejado la puerta abierta toda la noche, justo del lado que soplaba el viento! Fue enseguida a cerrarla con los championes en la mano y a patear sin querer la pata del sillón de mierda ese que sólo le había servido para mirar tele un mes hasta que cayó el rayo y la hizo moco. Se le hizo moco el dedo helado y ensayó una ristra de putedas mientras saltaba en la otra pata y estiraba el brazo para sostenerse sin caer, sobre la puerta con lo que consiguió si no aliviar el dolor al menos cerrar la puerta y sentir de inmediato una reconfortante ausencia de frío extremo que no es lo mismo que calor. Se fue a la cocina a terminarse de vestir y poner a calentar agua.
-Estás en lo mejor de la vida.-
Eso fue lo que sintió decir a una voz y resonar en las paredes de la cocina con una cadencia conocida y familiar, que no podía ser más que la voz de su pensamiento ya que estaba solo y… Claro que tenía él conciencia de estar en la mejor de las edades y era bueno entenderlo en momentos como ese de romperse el dedo contra una pata y…
-Disfrutala y no le des bola a los que te vengan con cosas raras.-
-¿Cosas raras?
-A ofrecerte aparatos de comunicación instantánea u otras tonterías.
-Pero quién sos…¿ Quién es usted que me habla desde adentro de mi cabeza?
-Soy tu abuelo Abelardo Escisión Goiticoechea. Te acordás de mí?
-Pero…
-¿Qué si no estaba muerto? Sí, pero eso no tiene ninguna importancia.
-Entonces… ¿No estás muerto?
-No. Es decir sí, para vos estoy muerto y para… Y qué carajo importa!
-¿Estar muerto es igual que estar vivo?
-No, se supone que no… pero no me acuerdo de haber estado muerto…
-Entonces… ¡Estás vivo!
-De cierto modo. Porque en este momento en que estoy diciendo esto, sin duda estoy vivo.
-¿Y qué es lo que estás haciendo dentro de mi cabeza?
-¡Bah! Eso es simple tecnología.
-¿Mi cabeza?
-No, tu cabeza es prodigiosa. Dije tecnología porque me estoy comunicando con un aparato que… Bueno.
- ¿Y no era que no tenía que darle bola a los aparatos…?
-No es lo mismo. Yo soy tu abuelo!
-¿Y cómo puedo saberlo yo?
-Porque… En primer lugar mi voz. ¿O te olvidaste de mi voz?
-Podría ser producida por un aparato…
-Bueno, también te podría mandar imágenes mías en este momento que… Sí, está bien. ..¡Nada de aparatitos!
-Es que no veo cómo me podés convencer de que sos mi abuelo.
-Una vez te caíste en mi casa, jugando.
-Bueno, me habré caído tantas veces!
-Pero una vez en especial, que había ido a pasar varios días conmigo, te caíste, sabés dónde, enseguida del primer macetón del corredor y no sé por qué razón te quedaste caído en el suelo, llorando, cosa que no era común y por eso fui enseguida porque me di cuenta de que algo te pasaba y te ayudé a levantarte sin preguntar nada al ver que querías, avergonzado, ocultar tus lágrimas.
-Sí, está bien. Sos vos, abuelo.
-Menos mal. Pero ahora tengo que cortar, me sale muy caro esto. Después te explico. Corto. Chau.
-Chau.

61 - Baile de los Guijarros

Pasada la media noche Manuel estaba de vuelta en su casa, sólo y sin sueño a pesar del mucho vino. Del bolsillo de atrás sacó la bolsa de gamuza que dejó sobre la mesa de la cocina mientras buscaba un cartón para dibujar el tablero que confiaba poder hacer casi igual; después de todo no era más que una figura de cinco lados iguales. Con la tapa de la olla más grande hizo un círculo y con una tira de papel que doblaba en un extremo tanteaba de poder meterla cinco veces alrededor del círculo. Cuando estuvo hecho marcó los cinco lados rectos del pentágono, ubicó el cartón en el centro de la mesa corriendo el paquete de yerba y la cuchara, arrimó la silla y se sentó bien enfrente… Sacó el premier guijarro… Pensó en su abuelo… El guijarro le parecía una simple piedrita. No le decía nada… ¿Qué sería lo que debía sentir…? Lo dejó a un lado y sacó otro…¡tampoco! Este le parecía algo más liso en todo su contorno alargado y curvo, pero…¡nada más! Lo dejó y sacó un tercero (tenía que ser este) Claro que sentir, lo que se dice sentir… (¡yo qué sé?) Sacudió entonces el puño con el guijarro en el hueco –de puro impaciente- y el guijarro se le escapó yendo a dar contra la pared y rebotar hasta debajo del armario. Tuvo que agacharse y levantar un poco el armario con una mano, y con la otra, izquierda en este caso –por la posición, ¿vio?- metida debajo del armario, tomar la piedra y traerla junto con un pelotón de pelusa que cuando vio llegar cerca de su cara le dio asco y entonces sacudió la mano con lo que la pelusa siguió pegada a los dedos mientras el guijarro escapaba y retomaba su camino de esquivos. Se levantó, apenas pudo bajar despacio el armario, dispuesto a reiniciar la búsqueda que no era necesaria ya que en ese momento vio venir la piedrita ya desganada de rebotes, mansamente a detenerse a medio metro solo para ponerse a bailar como un trompo girando para un lado por un momento, detenerse, oscilar y comenzar a girar en el otro sentido…
Cuando el guijarro se aburrió de hacer tantos giros cayó de lado y quedó quieto. Manuel con toda delicadeza lo tomó entre el índice y el pulgar y… lo encontró distinto! La piedrita no le hacía sentir nada pero, él había retenido la sensación anterior en sus dedos, que no era esta. Había sido una sensación más áspera, no…¡más picante! Agarró entonces el objeto con la otra mano… Claro! Bosco no le había dicho que tenía que tomar las piedras con la izquierda porque con la derecha no se siente nada. Le dio risa comprobar que aunque no se lo hubieran enseñado él lo había descubierto por su propia cuenta.
Volvió con el guijarro junto a la mesa. Ahora venía la parte difícil. Preguntarle a la piedrita dónde quería que la pusiese. Ese asunto le retuvo un rato con la mano sobre el tablero esperando alguna señal y pensando en cómo podría una piedra hacerle entender sus deseos…hasta que el propio cansancio fue bajando el brazo horizontal al principio y aflojándole incluso los dedos que tomaban aquella cosita vibrante, hasta el extremo de que se le cayera y en el aire quisiera retomarla con lo que no logró otra cosa que incrustarla en el cartón en un lugar que, mediante un salto cualitativo de su mente, decidió que era El lugar.
Lo dejó allí bajo su atenta mirada, todo lo atenta que podía ser cualquier actividad de los órganos de Manuel a esa hora en que la imaginación juega trampas haciendo ver vibraciones o destellos en todos los rincones del campo visual. Pero honestamente, algo le ocurría a la piedra. Pequeños movimientos, sobresaltos y hasta diminutos cambios de tamaño que sin embargo no eran suficientemente evidentes como para seguir detenidos en su contemplación probable. Era necesario continuar el juego o el sueño le iba a terminar venciendo los párpados que ya pesaban a media asta. Sacó otro elemento y le quedó mirando como quien canta la lotería de cartones y trata de ver el número de la bolilla. Allí no había mucho para ver, aunque en realidad todavía no se había puesto a mirar cómo eran y recién descubría que no eran todas del mismo color aunque sí oscuras y alargadas y redondeadas un poco, ya que en algunos lugares mostraba huellas de aparentes golpes que le hubieran desgajado pequeñas lascas. Pero, en realidad no parecían de piedra. De piedra común al menos. Eran demasiado pesadas para su tamaño… La fue bajado sobre el tablero y observó que la anteriormente puesta se empezaba a mover, poniéndose medio vertical y siguiendo con su extremo levantado las distintas vueltas que la otra hacía por encima. Ya que la de la mano nada le decía aparte de ronronear una mansa vibración, la fue acercando a la de abajo con lo que esta se iba poniendo cada vez más loquita hasta que la de la mano empezó a reaccionar a cada acercamiento con unos enviones de desvío que le pulsaron entre los dedos hasta que dándose cuenta del rechazo, decidió obedecerlos y dirigir la mano en la dirección de los pulsos que por último cesaron cuando fue hallado el lugar del segundo guijarro.
¡Ahora sí que Manuel se asustó mismo! ¡Los guijarros rotaron su largueza y se pusieron a bailar frente a frente haciendo todos los cambios al mismo tiempo como enlazados por una misma voluntad!

sábado, septiembre 02, 2006

60 - Fiesta en lo del Rulo

Era una fiesta. El equipo de música del Rulo sonaba bien sólo con cumbias, que era lo que bailaba con la Julieta. Hasta habían ganado un premio Ahora tomaban vino mientras hacían fuego de ramas y piñas en el hornito de pan de afuera. La flaca estaba haciendo la masa en la cocina. Manuel picaba cebollas y ajos y después se iba a poner acortar en trocitos los tomates peritas que tenía dentro de un bollón. También perejil y un poquito de apio y por último rodajas de tomate más grande para ponerlas por arriba de la muzzarella.
En un rato estuvo todo pronto y pudieron sentarse a comer entre risas y comentarios. Estaba todo bien
Magda se reía mirando a Manuel, le daba siempre risa verlo tan frágil pero tan entero y tan hijodeputa madre con esa mirada de complicidad obligada para ella, con la que la embaucaba y le vencía de puro placer.
El Rulo se reía ahora, aliviado de no verlo tan mal a Manuel y de saber que mañana iría a ver a ese médico que por fin iba a poner en claro lo que le pasaba al guacho este que nunca iba a dejar de sentir como un hijo a pesar de que sólo le llevaba dos años.
Julieta reía mirando a Manuel al que también quería pero no como al Rulo y mucho menos que al bebito que llevaba en su panza. Ese era el resumen de sus pensamientos que había estado haciendo en los últimos días y que ahora la dejaba completamente tranquila y feliz.
Manuel se reía porque… ¡Era tan linda la vida! Así con todo lo que le rodeaba. La flaca y sus primos, amigos del corazón. Estaban todos contentos porque, ese era un día de festejo. A veces también los negritos tienen su alegría y su pequeña revancha. Ahora había que disfrutar con la plata del milico, tomar vino, reír…y especialmente verles a ellos las caras alegres.
Más tarde aparecieron el Cholo con la Fernanda y el Roque con la Mulata y unas cuantas cosas de comer. Nadie supo cómo se habían enterado de que estaban de reunión, pero hasta traían guitarra y un buen refuerzo de vino..
Con ellos los temas cambiaron. Los compañeros traían sus temas políticos y su música –Su humilde servidor, Calle Yacaré- La importancia de pagar la deuda, aunque no pagarla también era… Una cuestión para discutir… en el comité de base, o en cualquier lado. Lo estamos discutiendo ahora…
El Roque había terminado de afinar la guitarra. Sirvieron más vino…